He leído varios libros de Eduardo Mendoza, y este es quizás el mas extraño de todos ellos. Lo tenía por las estanterías de casa desde hace muchos años, más de 30, pero no lo había leído aún, así que ya era hora.
La historia empieza bien, Fábregas, el protagonista que decide dejar su trabajo como director de una empresa familiar que había heredado, y lanzarse a la aventura, para lo cual viaja hasta Paris y desde allí a Venecia. A partir de ahí, encuentros y desencuentros con personajes de todo tipo que en ocasiones van y vienen como los ojos del Guadiana, sin que realmente esté muy claro la razón.
La historia navega de forma un poco calamitosa a mi parecer, entre las relaciones que se van estableciendo entre los personajes. Entre ellas la principal es la relación que se establece con una mujer, Maria Clara, que conoce por azar en las calles venecianas de la que se enamora, y las relaciones que surgirán con ella y toda su familia.
La trama es un galimatías que a veces cuesta de seguir, y sobre todo de encontrarle razón de ser a todo lo que está ocurriendo. Yo anduve perdido buena parte de la historia, no entendía que estaba pasando, aunque es cierto que al final buena parte cobra sentido.
Total, que no se muy bien que he leído. Lo mejor del libro la prosa de Mendoza, y que la ocurrencia de llamar Doctor Pimpom al médico de la familia (eso siempre me sacaba una sonrisa).