“Si alguna vez te conviertes en la mitad de ti mismo, muchacho, y te lo deseo, comprenderás cosas que escapan a la normal inteligencia de los cerebros enteros. Habrás perdido la mitad de ti y del mundo, pero la mitad que quede será mil veces más profunda y valiosa. Y también tú querrás que todo esté demediado y desgarrado a tu imagen, porque belleza y sabiduría y justicia existen sólo en aquello que está hecho a trozos.”
Qué grato es para un lector descubrir un escritor que nunca leyó y que disfrute tanto su primer libro. He oído y leído muchas veces sobre Ítalo Calvino, este autor italiano muy admirado por sus colegas y leído por mucha gente. Sigo buscando dos libros de él como lo son “Las ciudades invisibles” y muy especialmente “Por qué leer a los clásicos”, especialidad a la que como lector me dedico, pero mientras tanto, decidí comenzar con su trilogía tan conocida formada por tres libros: éste, “El vizconde demediado”, “El barón rampante” y “El caballero inexistente”. En cada uno de ellos dota de marcadas pero diferentes características a sus personajes principales.
Para este libro utiliza la temática del doble, que particularmente siempre me atrajo y gracias a la cual he leído muchos novelas y cuentos al respecto. Sólo por citar algunos: “El doble” de Fiódor Dostoievski, “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” de Robert Louis Stevenson, “Los elixires del Diablo” y “Los dobles” de E. T. A. Hoffmann, “William Wilson” de Edgar Allan Poe, “El retrato de Dorian Gray”, de Oscar Wilde (porque trata claramente este tema), “Fausto” de J.W. von Goethe, "El club de la pelea" de Chuck Palahniuk" y alguno más que se me está escapando de la memoria en este momento.
Para “El vizconde demediado”, Calvino utiliza todos los recursos del cuento fantástico, lo fabuloso, una pizca de elementos quijotescos y de caballería y también en buena proporción la utilización de lo absurdo en la literatura.
Cuando el vizconde Medardo de Terralba es partido al medio por una bala de cañón en una batalla contra los turcos, nos encontramos con el primer elemento fantástico y es a partir de ese momento, cuando su dos mitades, luego de ser curado, comienzan a tomar caminos distintos. Es la temática del doble, pero partida a la mitad y esencialmente de eso se trata esta historia.
Por un lado, envuelta en un manto negro, la parte mala (o Doliente como le llaman) y por otra la parte buena (el Bueno). Es más: esta clara forma en la que sus dos mitades adquieren autonomía propia me remiten en cierto modo al cuento “La nariz”, de Nikólai Gógol en donde ésta decide separarse de la cara del oficial colegiado Kovaliev para vivir su propia vida. Este recurso del absurdo que le impone Gógol a su cuento es tomado en cierta forma por Calvino para desarrollar su nouvelle, y no le sale nada mal.
Pero además, se nota que tuvo otras inspiraciones. El vizconde se llama Medardo, igual que Medardus, el personaje principal de la novela de E. T. A. Hoffman "Los elixires del diablo", que durante todo su desarrollo trata de la lucha de este monje precisamente contra su doble demoníaco en una lucha sin tregua de más de cuatrocientas páginas.
En la novelita de Calvino, esta claramente expresado, a partir del desarrollo de la historia que el autor apunta a mostrar lo que es parte esencial del ser humano, que es su inclinación para hacer el bien o dedicarse al mal. Durante el transcurso de la novela, la mitad mala del vizconde asegura que "Cada encuentro de dos seres en el mundo es un desgarrarse."
Todo lo ve con su lado malo hasta que se enamora, pero previamente todas sus acciones serán viles. Cada cosa que se encuentre luego del paso del vizconde está partida a la mitad, como muestra de su dirección malvada, ya que cuando aún estaba unido a su otra parte, no podría discernir entre lo bueno y lo malo. Pero por ahora está vivo y partido por la mitad, pero es malvado.
El Cojo, el Manco, el Tuerto y el Roto son sus apodos. La gente le teme, le escapa y sabe de sus fechorías. En su afán por el mal afirma: "Ojalá se pudieran partir todas las cosas enteras, así cada uno podría salir de su obtusa e ignorante integridad", y ésta es su visión equivocada del mundo y de la vida.
Hasta que llega a Terralba su otra mitad, la parte buena, vestida con un manto blanco y allí comenzará una pugna, ya que esta mitad comenzará a cambiar las cosas para bien, a punto tal, que ambas mitades del vizconde se enamoran de la misma mujer, Pamela y así comenzará a definirse esta entretenida historia.
Las reflexiones del vizconde bueno complementan todo lo malo del Doliente cuando Pamela al encontrarse con el Bueno reconoce: "Me he dado cuenta que sois la otra mitad. El vizconde que vive en el castillo, el malo, es una mitad. Y vos, sois la otra mitad, que se creía perdida en la guerra y que ahora ha regresado. La mitad buena."
El desenlace de la novela, en donde Calvino agrega la cuota de intriga, demuestra su calidad narrativa para un libro que no llega a las cien páginas.
Me pondré en campaña para conseguir las otras dos partes de esta trilogía porque el talento literario de Ítalo Calvino es una de las cosas más interesantes que he descubierto esta primera mitad del año.