Todos nos hemos lamentado por nuestra falta de suerte y damos por hecho que la misma es un valor intangible y caprichoso que sólo bendice a unos cuantos sin que, en apariencia, exista mérito alguno para tenerla o perderla. Sin embargo el protagonista de esta historia no se conformó con la contemplación enojosa de los más afortunados: decidió probar que la suerte es un fenómeno científico que puede provocarse, observarse, controlarse, alterarse e interumpirse. Así que investigó, realizó pruebas, las aplicó a sí mismo y llegó a sorpresivas conclusiones que, en definitiva, cambiaron su vida por completo.