En un país como Colombia donde parece que viviéramos todavía en la Guerra Fría y nos la pasamos debatiéndonos entre el bien y el mal, la derecha y la izquierda, el comunismo y el capitalismo, todos los días se tratan de tomar una postura mediante nuestras acciones para definirnos en algunos de los dos bandos.
No dudamos al señalar al otro y encasillarlo en comportamientos propios de su grupo.
Líbranos del bien llega como una lectura precisa para ese debatir y devenir de nuestro país, y Alonso Sánchez Baute intenta descubrir cómo dos personas de aparente bondad terminan siendo dos de los asesinos más grandes de este país. Uno perteneciente a la guerrilla de las FARC, Simón Trinidad, y el otro a los grupos de Autodefensa, Jorge 40.
Es interesante la lectura en tanto Simón Trinidad y Jorge 40 constituyen personajes distintos a las personas que eran antes y de los cuales el autor logra la hazaña de capturar relatos de sus más allegados.
Adicionalmente, se muestra una interesante línea narrativa sobre la -no- relación que tiene la zona caribe del Cesar con Bogotá, capital del país, en tanto esta última concentra al poder político de Colombia, además de ser una de las ciudades más lejanas por su altura, pero sobretodo, por su indiferencia con lo que pasa con el resto del territorio nacional.
Quería, como lectora -y colombiana-, encontrar una manera de justificar las acciones guerrilleras y paramilitares de los protagonistas de esta historia, encontrar la razón por la cual esta sociedad está tan dañada y tenemos tanto odio, la razón por la cuál somos capaces como ciudadanos de decidir sobre la vida del otro, del otro.
Y la encontré, creo que este libro confirmó lo que siempre supe sobre cómo actuamos como país, y es que el vivo vive del bobo y no se puede permitir ser ningún gûevón. En un país como Colombia, aquel que es modelo a seguir, es el verraco que no se deja y si tiene que usar la violencia lo vale, porque como leí en twitter hace pocos días, si usted le dan en una mejilla va a poner la otra? claro que no.
Esta es, sin embargo, una respuesta que no me enorgullece, y por el contrario, entristece, entristece saber que tenemos la venganza y el rencor por nuestras venas, que es lo que nos moviliza y lo que hizo que alguien como Rodrigo Tovar y Ricardo Palmera llegaran a donde están en este momento, siendo una mínima muestra de tantos otros de este país que pueden y podrían llegar a contar la misma historia, incluso usted o yo.