No, no hubiera elegido este libro por mi cuenta, pues el título no hay forma que me guste, aún después de leerlo. Pero un libro es mucho más que su título.
Una amiga me pidió mi opinión, ¿sería un libro útil para recomendar a su comunidad de mujeres? y pues a leer, porque la única respuesta que tenía en ese momento es: no sé.
Inicia bien y es lo que me ha gustado, la claridad con la que define algo que cruza a una gran parte de las mujeres: agotamiento, sobrecarga y este impulso interno de hacerlo todo por todos y claro, perdiendo prioridad y cuidado de una misma. Algunas podremos vernos reflejadas en parte de lo que Anamar describe con franqueza desde la experiencia propia, acompañada de una larga reflexión y trabajo personal.
Entre consensos y disensos, a lo largo de la lectura me surgieron preguntas y conversaciones con la autora, creo que nos podríamos echar una buena platicada. Fue una lectura que visibiliza conductas y actitudes que tenemos muy normalizadas y que son también un tipo de violencia o consecuencia de ella.
La línea de algunos planteamientos es delgada y tensa, pues no alcanza a salir de la caja de la violencia y la misoginia, pues tampoco es fácil de ver: aunque trata de no generalizar, en algunos puntos sucede, en ciertas referencias sobre la decisión infantil, es más un mecanismo de afrontamiento (no consciente), hay una revictimización de la mujer en ciertas afirmaciones, en algunas referencias considero que donde dice masculinidad debería decir machismo, naturaleza femenina o masculina, estereotipos y responsabilidades de mujeres u hombres, roles de género.
Hay explicaciones de la conducta que ya no estiran lo suficiente, pues la ciencia los ha ido derribando y/o precisando, el determinismo fenotípico, el cerebro reptiliano y la diferencias del cerebro femenino y masculino.
Todos los esfuerzos por hablar de los temas de las mujeres es algo que valorar y aprecio que en este libro Anamar lo hace, porque nos lleva a conversaciones con nosotras mismas o con otras personas que son importantes y urgentes.
Hay que acercarse a esta lectura en un ejercicio de pensamiento crítico, reflexión y búsqueda de lo que sí y no hace eco con nosotras.
Y comparto mis primeros subrayados que me hicieron seguir leyendo:
”Lo que me salvó fue ser la adulta que mi familia necesitaba; salté del barco y dejé de ser niña para ir un peldaño arriba y asumir responsabilidades para que nuestra familia estuviera mejor. “
”Esto se convierte en una ley de vida: no existir, no necesitar, no pedir y convertir el sacrificio en una dolorosa carga que un día dejas de ver, ya no te parece sacrifico y solo sabes que estás agotada.”