Hubo un tiempo, allá por el siglo XX, en el que la fantasía heróica, la espada y brujería o la alta fantasía era escrita por y para hombres. Sus historias las protagonizaban ellos, y los valores que se ensalzaban eran esos que «benignamente» siempre los han definido: valentía, arrojo, fuerza, habilidad con las armas...
Por suerte, en los '70 y '80, cuando la fantasía daba señales de agotamiento, surgió una hornada de escritoras que decidieron darle un giro al género y poner a las mujeres en el centro de sus historias. Los valores habituales de los protagonistas varones se trasladaron a las mujeres, pero inyectándoles, además, una visión más introspectiva, donde los sentimientos y los pensamientos adquieren su importancia. Esto, que en nuestros días nos resulta tan habitual, se lo debemos en parte a escritoras como Marion Zimmer Bradley, Barbara Hambly o C.J. Cherryh. Y a ese grupo pertenece también Ru Emerson, una autora casi desconocida en nuestro país.
𝙇𝙖 𝙥𝙧𝙞𝙣𝙘𝙚𝙨𝙖 𝙙𝙚 𝙡𝙖𝙨 𝙡𝙡𝙖𝙢𝙖𝙨 fue su primera novela, y nos presenta una clásica historia de venganza, con una protagonista, Elfrid, que se pasa la mayor parte del libro oculta tras un velo mágico que la hace parecer un hombre, Gentry.
Si bien en líneas generales sigue los cánones de la fantasía heróica, usando por ejemplo una magia difusa y de carácter personal, se aprecian tímidos intentos de enfocar las cosas desde otra óptica, una en la que no todas las mujeres son hijas/esposas/madres y en la que las batallas y la sangre no tienen un papel central.
El libro empieza bien, con una traición que sabemos que definirá el futuro de la protagonista, pero va perdiendo fuelle a medida que la historia avanza, con demasiadas escenas íntimas que poco aportan a la trama, mientras pasa de puntillas sobre el escenario bélico en el que se enmarca. Solo al final recupera algo de su fuerza inicial, pero nada que pueda levantar ya ese impulso perdido, ni las oportunidades desperdiciadas para haber hecho de este libro algo mucho mejor.