Leer a Robert Aickman es como ir a una fiesta en la que te entretienes hablando con el sujeto que analiza a los asistentes y lanza comentarios ingeniosos sobre las conductas humanas. El característico estilo distante y refinado de sus narradores hace que las tramas se desarrollen tras bastidores y los sucesos extraños sean vistos de reojo. Tal vez en esto radique la diferencia entre la ficción extraña y la literatura de terror sobrenatural. Hay un interés por sugerir los acontecimientos y jugar con la percepción de los lectores. El miedo no es el sentimiento que se busca despertar, sino la incomodidad o la repugnancia, que suelen persistir tras acabar la lectura. Y es necesario aclarar que los cuentos de Aickman son de desarrollo pausado, lo que casi siempre juega a su favor.
Aickman, como sólo los mejores escritores saben hacer, toma ideas y sentimientos que la gente da por sentado y los cuestiona a través de un humor exquisito y agudo. Los cuentos selectos para esta magnífica edición de Edhasa le dan la razón a aquellos que proclaman su talento. Este es un libro que todo amante de la literatura de terror más inusual debería leer.
Aquí mis opiniones sobre los cuentos.
- La respuesta insuficiente: a pesar de lo largo que llega a ser a veces, este cuento posee una atmósfera muy inmersiva y una narración que hace interesante hasta al detalle más pequeño. Su final es muy misterioso y un poco incomprensible, en el buen sentido. No parece hecho por un ser humano. Confieso que para todos estos cuentos tuve que buscar explicaciones por fuera, lo que aumentó mi aprecio por ellos.
- Campanadas: una maravilla que ya había leído antes en Los fantasmas favoritos de Roald Dahl. En esta relectura me pareció menos tenso que cuando lo leí por primera vez, pero, en cambio, disfruté más su excelente escritura y sus diálogos.
- Ravissante: otro maravilloso cuento incomprensible. Una fantástica y grotesca combinación entre el mundo de la pintura, las casas embrujadas y el erotismo.
- Los cicerones: su atmósfera es opresiva, pero su final me resultó un tanto olvidable. Quizá el no sentir miedo por las catedrales influya en que este cuento no me perturbase. Pero insisto en que está excelentemente construido y cumple con el suspenso.
- El verdadero camino hacia la iglesia: excelente cuento de procesiones fantasmales mezclado con la crisis existencial que sufre la protagonista. Me recordó a los cuentos de Julio Cortázar.
- Encuentros con el señor Millar: un cuento sobre la irrupción inesperada de un trabajador llamado Millar y su grupo de amigos que perturban la vida del joven protagonista, quien mantiene un idilio con Maureen, su vecina casada. Durante largo rato es una historia de corte realista aunque con elementos extraños, y casi al final se vuelve siniestra sin llegar a lo sobrenatural. La escena de diálogo final está muy bien ejecutada y es muy sugerente, pero nunca se sabe lo que en verdad sucedió. Es otro cuento algo hermético pero no tanto como Ravissante. Se deja leer y es entretenido, por más que no sea tan raro o sobrenatural como podría pensarse. El cómo la infidelidad de Maureen a su esposo es tratada con tanta naturalidad y sin darle importancia me indigna y aterra un poco. Siento que es algo que Julio Cortázar hubiera hecho, y es un pensamiento tan del siglo 20 y de nuestro siglo. No sé si a estas alturas sentirse incómodo con estas cosas me haga ver como un conservador, pero así lo vi. Y para pensar que el protagonista tenía apenas 18 en ese momento y Maureen era quizá mayor que él y ya tenía 4 hijos.
- Madera: otro cuento igual de atrapante, con cierto regusto a folk horror, de diálogos maravillosos y divertidos y, quizá, con un aspecto sobrenatural más comprensible que los de otros cuentos, aunque, claro, todavía entre bambalinas. Es un muy buen cuento.
- Mark Ingestre, la versión del cliente: un cuento de primera experiencia sexual donde lo sobrenatural está prácticamente ausente. Es más una historia muy británica con un acontecimiento inusual. El erotismo, por su parte, es menos interesante que el de "Ravissante". La narración es absorbente, pero eso no quita que sea el cuento más débil de la colección, uno que hubiera hecho las delicias de Sigmund Freud.
- La aparición: muy buena nouvelle que la mayor parte del tiempo es la historia de la vida de Brodick Leith, el protagonista, así como de los tres amores de su vida: su madre, su primera esposa Shulie y su segunda esposa Clarissa. El aspecto sobrenatural aparece a la mitad y al final, y en ambos casos es muy interesante, más propio de un cuento de terror, aunque en sí no haya alguna escena del todo aterradora.