Hace muchos años, cuando editorial Zinco publicó estas historias, pasé de ellas. Tras haber leído Año Uno y The Dark Knight Returns, volver a cruzarse con un Batman camp y en dupla con un sonriente Robin parecía un despropósito. Además, escribía Mike W.Barr, ese guionista latero de la fallida Batman: Año Dos.
Bueno, todo eso fue un error.
¿Por que reutilizar plots como el Jokermóvil, El Sombrerero Loco robando en un estadio donde se produce un "hat-trick", o que un misterio se resuelva con juegos de palabras? ¿A que puede venir construir semejante ejercicio de nostalgia en un contexto donde la Crisis original, Watchmen y Frank Miller habían barrido con todo?
Barr y Davis aman la Edad de Plata, y bajo un tinglado de puerilidad, deslizan un perfil humanista de Batman como pocas veces se ha visto. Por una vez, Batman es un ser humano sensible, real, con miedos, preocupaciones y sentido común. Bajo toda la caricatura aparente, Davis y Barr entregan un contrapunto potentísimo,a veces en una viñeta, a veces en una página. Es sutil, pero tremendo. En apenas 6 números, los autores realizan una transición del Batman clásico al moderno, sin convertirlo en un sicópata, y utilizando las mismas temáticas que luego Jim Starlin llevaría al extremo.
Párrafo aparte para el número especial de homenaje a Detective Comics. Lleno de guiños y homenajes, su trama imposible y simplona se compensa con la puesta en escena, llena de amor por el personaje y recordando que, por sobre todo, Batman es un detective en la tradición del mejor.
Y si todo lo anterior no valiese, el cierre del tomo contiene una de las mejores reflexiones que se han puesto en la mente de Bats. ¿Por que hacer lo que se hace? Un corolario de lujo junto a la dra. Leslie Thompkins (personaje fundamental siempre tan desaprovechado) que justifica la revisión y sitúa a este tomo como un imperdible en la colección del murciélago. Lamento haber sido tan snob en su momento, pero tras casi treinta años, la enmienda es posible.