Opinión:
Decir que me ha gustado es poco. Me ha vuelto loca: la historia, los personajes, los diálogos, los dibujos...
La obra se sitúa en el último año de la Segunda Guerra Mundial, cuando los alemanes todavía tenían mucho poder en Francia y los ánimos estaban candentes: personas a favor de los alemanes, personas en contra de los alemanes, oportunistas sin escrúpulos, familias destrozadas, jóvenes obligados a engordar las tropas alemanas y un largo etc.
En estas se encuentra Julien cuando deserta del ejército y va a esconderse a casa de su tía en su pueblo de veraneo. Es un chaval de unos 18 años, sin ideas políticas definidas pero terriblemente ácido y crítico con todo; como él mismo dice, "del partido de la mala fe". Un rasgo que me ha llamado mucho la atención ha sido la ironía y el sarcasmo con el que enfrenta todo lo que le va sucediendo; podría cerrar los ojos y saber que el que está interviniendo en la conversación es él solo por el tono tan característico de su forma de hablar.
Julien está enamorado de Cécile, una chica de su misma edad que conoce desde niño porque también veraneaba en el pueblo. Cécile es mucho más dulce y afable que él, pero le hacen gracia sus bromas y lo pasan bien juntos.
Tienen una historia muy bonita, la verdad.
Lo que me suele echar atrás de los cómics es que soy un tanto tiquismiquis con los dibujos; generalmente no me atraen y por eso no me animo a leer muchas obras a pesar de que el argumento me atraiga.
Pero, esta vez, me enamoré totalmente de la forma de dibujar de Gibrat solo con la portada.
Y, una vez abierto el libro, el tema no hace más que mejorar.
Me parece que estoy ahí, sentada en el café de "Los Tilos" con el solecito calentándome la espalda.
En este pueblecito tan bucólico en el que da la sensación de que no ocurre nada, la tensión entre sus habitantes aumenta exponencialmente conforme se suceden los atentados guerrilleros mientras los soldados alemanes siguen utilizando la fuerza, la amenaza y el asesinato para sus fines.
Y, en medio de todo eso, Cécile y Julien.