“Lejos de preceder el objeto al punto de vista, se diría que es el punto de vista el que crea el objeto”
Si lo vemos desde una perspectiva histórica, el mayor mérito de Ferdinand de Saussure no fue el de inventar el estructuralismo (que, de todas formas, es ya un logro considerable) sino el de avizorar todo lo que la lingüística podía llegar a ser. ¿Qué había antes de Saussure? No lingüística per se; sí estudios sobre la lengua. Estaba por ejemplo la escuela historicista, inaugurada por Sir William Jones. Los historicistas buscaban establecer parentescos, árboles genealógicos, estudiar la evolución de las lenguas y, en lo posible, descubrir las leyes que regulaban esa evolución (la tesis de Saussure, y creo que el único libro que publicó en su vida, se titulaba Estudio sobre el sistema vocálico primitivo en las lenguas indoeuropeas).
En el mejor de los casos, los estudios sobre la lengua se quedaban en ese nivel puramente descriptivo y clasificatorio. En el peor, apuntaban a un programa normativo; o sea, a establecer cómo tenía la gente que hablar y escribir para mantener la pretendida pureza de la lengua (y siempre se hablaba de una lengua concreta). Por otro lado tenemos a la filosofía y a la semiótica de Charles S. Pierce, no tan preocupadas por la integridad del lenguaje como por la relación entre el lenguaje y el mundo. El Curso se asienta en estas tradiciones, aunque muchas de sus ideas son tan originales que cuesta encontrarles más que algún antecesor difuso.
Entre sus aportes concretos están la noción de sistema, fundamento del estructuralismo; el par significante-significado, que haría las delicias de Lacan y de Levi-Strauss; y la distinción entre lengua y habla, a la que Chomsky le debe mucho, por más que no quiera reconocerlo. Más allá de todo esto, creo que lo más original en Saussure es la manera en la que se para ante el fenómeno que pretende estudiar. Es el primero en decir que el lenguaje es “heteróclito y multiforme”, a la vez un objeto social, individual, físico, fisiológico, psíquico, histórico, institucional: y que “no se deja clasificar en ninguna de las categorías de los hechos humanos, porque no se sabe cómo desembrollar su unidad”.
Anticipándose, se me antoja, al Principio de Incertidumbre de la mecánica cuántica, Saussure dirá que estudiar un aspecto del lenguaje es renunciar a estudiar todos los otros. Podemos tomar su dimensión histórica o su carácter de sistema; lo que no se puede es analizar ambos a la vez. Lo mismo habrá que elegir entre estudiarlo como un fenómeno social o como un fenómeno psicológico; en su carácter abstracto o en su realización concreta; como objeto en sí mismo o en relación con alguna otra disciplina. De ahí que el punto de vista, como dice Saussure, preceda al objeto.
Aunque la escuela específica que él fundó tiene hoy poca relevancia en general, y sobre todo dentro de la lingüística (excepto que el generativismo pueda ser considerado su continuación natural, no sé), el verdadero acto fundador de Saussure fue marcar la infinidad de posibilidades, todavía inexploradas, que existían para la disciplina. Hoy están los generativistas, los funcionalistas, los cognitivistas, los pragmatistas, los sociolingüistas… podríamos decir, parafraseando aquella frase de Perón, que en el fondo todos son saussureanos.