Muerte en Venecia: una decepción. Quizá me esperaba mucho más de Mann en la primera obra suya que leo, pero me parece por ahora el peor de los escritores con los que se le compara (como Zweig y Sándor Marai). En mi opinión, mucha reflexión frívola, el personaje es pedante, prejuicioso y soberbio, y lo peor, creo que lo es sin que el autor quiera presentarlo así (en cuyo caso no sería criticable). La escritura es lenta y farragosa, y a pesar de lo corto que es el relato, se me ha hecho largo. Cosas que sí me gustan:
- que El Niño/adolescente aparece prácticamente solo esbozado, sin detalle, porque aquí está representado solo como el “objeto” de la belleza, que sirve para realizar las reflexiones del autor. Es decir, que no cae en relatos macabros ni novelas pasionales, sino que es una reflexión sobre la belleza, y las consecuencias (entre ellas, la obsesión) que puede causar en el hombre.
- algunas reflexiones sobre la belleza, entre ellas las conversaciones ficticias con Fedón, y reflexiones sobre el escritor y la escritura.
Las tablas de la ley:
Valoro el esfuerzo de “traducir” el relato bíblico para hacerlo más “humano” o cercano, pero precisamente en eso falla. Hay incoherencias, y la solución que busca para explicar los milagros, es a veces, más increíble que el propio milagro (por ejemplo, cómo intenta explicar la décima plaga con un ejército o grupo de élite perfectamente entrenado para infiltrarse en cientos sino miles de casas para ejecutar a los primogénitos egipcios, no tiene ningún sentido. Además, si damos por buena esa explicación, en la que se estuvo preparando durante meses a esos asesines de élite, entonces tiene menos sentido aún que no hubieran tenido tiempo para preparar pan para el camino del Éxodo). Lo que más me gusta de este cuento, con independencia que lo comparta o no, es el semblante psicológico de Moisés.
Para mí, en general tienen 2.5 estrellas.