El libro cuenta la historia del señor Foggart, un arqueólogo al que encomiendan la tarea de participar en la excavación de las ruinas de una viejo santo, en la iglesia de San Gluvias, Penryn. Algo desconcertante descubre allí que le lleva a dirigirse hacie Tronheim, Noruega, en una gran aventura por encontrarle sentido a la partes de la vida de un santo que de ninguna forma consigue explicarse.
Pero, esta no es la historia principal, sino que, nos vemos inmersos en como su esposa Elisabeth y su hija Katherine, tras recibir un paquete suyo sufren un robo en caso y el objeto que iba dentro es lo único que se llevan los ladrones.
La señora Farady acude a buscar ayuda al director de SIGMA, el profesor Ulises Zarco, por lo que viaja desde su querida Inglaterra hasta España como quedaron su marido y ella que haría si algo extraño ocurría.
Con ayuda del profesor recorren el camino que el señor Foggart realizó a bordo del Britannia, seguidos muy de cerca por Aleksander Ardán, un magnate sin escrúpulos que se aprovecha de los demás para engrandecer su ya descomunal fortuna.
Tras muchos descubrimientos y con un poco de la ayuda de todos, dan con el paradero del Britannia en una insólita isla dejada de la mano de Dios, de la que nadie tiene conocimiento.
En la isla de Bowen sucesos extraños acontecen, al parecer una ciudad se erige sobre ella de forma automáta, nadie sabe quien se encuentra detrás de todo esto, ¿extraterreste, fuerzas divinas, poderosas, celestiales? ¿Quién?
Sin embargo, se quedan sin tiempo, deben hacer frente a una cuenta atrás si lo que quiere es salvar el pellejo.
La historia no me parece mala, pero digamos que tampoco me entusiasmó de sobremanera. Se puede considerar divertida y enriquecedora pero no llegó a engancharme a la lectura ni me identifiqué en ningún momento con ninguno de los personajes. Me pareció que no era yo quien leía la historia sino otro persona, no sentía estar ahí, estar dentro del libro.