1. Opinión personal
– Esto es lo peor que he leído en mis veinte años de vida.
Comencé a leer este libro con toda la emoción que me causa naturalmente el leer obras pertenecientes a Jane Austen o relacionadas a ella, comencé a leer este libro creyendo que finalmente alguien se había tomado el tiempo necesario para centrar, de una vez por todas, su atención en la hermana Bennet de la que tan poco se sabe y a la que menos importancia se le ha dado, comencé este libro creyendo que iba a sacarme sonrisas, lágrimas e incluso, hasta hacerme feliz, sin saber que el único sentimiento que terminaría efectuando en mí sería el profundo deseo de arrancarme ambos ojos de sus respectivas cuencas oculares para dárselos de comer a los cuervos y, posteriormente comermelos.
La pseudo historia (que es una falta de respeto tanto para cualquier ser vivo como para cualquier ser muerto) comienza con Mary dándose cuenta de que su madre, la emblemática Sra. Bennet, murió mientras esta se encontraba preparándole una tacita de té.
De aquella Mary taciturna, sabía, pasiva, sedienta de conocimiento y dedicada a la constante réflexion, nos queda absolutamente nada, puesto que la autora se encargó de destruir por completo no solo su personaje (al igual que lo hizo con el resto) sino también su tan característica personalidad, esa misma que tanto la diferenciaba de sus hermanas; nos encontramos con una mujer de treinta y ocho años prejuiciosa, enojada con el mundo y con todos aquellos que forman parte de él, resentida con la manera en que eligió vivir y con sus hermanas, cuyas vidas difieren clara y efectivamente de la suya.
Orgullo y Prejuicio fue el libro que me inició en la literatura como tal. No puedo encontrar las palabras necesarias y exactas para explicar lo que significa para mí, ver cómo una autora de procedencia dudosa, con una narrativa y una pluma pobre, tomó la historia que me salvó de maneras en las que desconocía que un libro podía salvar a un lector (también a todos y cada uno de los personajes que amo y que por supuesto contribuyeron enormemente, para que yo sea la persona que soy hoy en día, utilizándolos de manera precaria) para convertirlo en el pedazo más grande e insólito de basura, que he tenido que leer en muchísimo tiempo. Es como si me hubiera arrancado el corazón del pecho, lo hubiera tirado al suelo y no habiéndose encontrado satisfecha con haberle escupido, también se hubiera reido de él. Nunca nada me hizo tanto daño como esto, el como lo que destruyó todo.
Desde el ángulo en que se intente verlo, esto no es nada más que una falta de respeto monumental para Jane, tanto por la increíble carencia de coherencia y cohesión, así como la poca vergüenza que tuvo para convertir personajes que a su (muy particular) manera, hacían que la historia original encajara perfectamente como en un puzzle, como para tener la cara de convertirlos en muñequitos de arcilla, sosos, poco verídicos y muy alejados de quienes realmente eran.
¿Cuál es el principal problema con este libro? Simple, fue escrito.
– Elizabeth: todo aquello que seamos capaces de recordar sobre ella en Orgullo y Prejuicio, en esta línea temporal, en esta obra, en esta historia: nunca existió, no existe y jamás existirá. Se nos presenta a una mujer sumisa, resignada con ser la esposa de un noble importante, una madre plenamente dedicada a la crianza de sus hijos cuyo matrimonio dejó de funcionar hace muchos más años de los que pueden contarse con los dedos de las manos, una mujer que le teme a su marido, que se atiene a la palabra de este y carece tanto de opinión, como accionar y pensamiento propio; en otras palabras, no es mí Elizabeth. Una jóven segura de si misma, con sueños, con ambiciones, con una personalidad taciturna, llameante y al mismo tiempo intrigante, terminó por convertirse en nada más y nada menos que en todo aquello que representaba su madre: su peor enemigo.
"Fitz había cortado todos los lazos que unían a las hermanas, y les había sido imposible verse a menos que él lo aprobara. A Darcy no le había resultado difícil establecer aquella separación; todas ellas dependían de él en uno u otro sentido."
"Elizabeth sabía que aquello había representado para él un gran disgusto. Aquel precioso niño había sido su primogénito, pero tras él no vinieron más que niñas. Fitz lo llamaba «la maldición Bennet». Georgie, Susie, Anne y Cathy habían llegado a intervalos de dos años, y habían sido una fuente de indiferencia para su padre, que jamás las fue a ver ni estuvo nunca interesado en ellas."
"«Seguro que tienes razón», había dicho Fitz, con un tono áspero. «Nuestro hijo es un flojo afeminado, sólo válido para la universidad o para la Iglesia, y preferiría mil veces tener a un catedrático que a un Darcy obispo, así que no quiero saber nada más de este asunto. Mándalo a Oxford, ¡haz lo que te plazca!»."
– Darcy: hablar sobre lo que hicieron con su personaje es una de las cosas que más angustia me genera. Aquel hombre taciturno, intelectual, que amó profundamente desde el primer momento a Lizzie por quién era (divertida, segura, inteligente, mordaz) y no por quién podría llegar a ser en un futuro, se nos presenta ahora como un infeliz padre de familia, dedicado a una carrera política (quién lo viera y quién lo ve, siendo que eso jamás, a alguien con sentido común, se le hubiera ocurrido escribir), enteramente decepcionado por la vida que le ha tocado llevar, por lo que ha resultado ser la mujer que alguna vez deseó y tanto quiso (ya que, si no lo saben aún, en esta línea temporal, Lizzie terminó siendo una gran decepción en todos los aspectos habidos y por haber), decepcionado de tener cuatro hermosas hijas y un único heredero, cuya naturaleza es descrita como débil y ¿"afeminada?", un muchacho que no logró cumplir sus expectativas como hijo primogénito de la familia de un miembro importante del parlamente, como un hombre que hace tiempo no visita el lecho nupcial y tampoco toca a su esposa, que CREE que no valió en lo absoluto todas y cada una de las cosas que sucedieron entre él y Elizabeth para que ambos pudieran estar juntos de una vez por todas. Es decir, en otras palabras, un sano varón que en nada se parece a Fitzwilliam. Y no mencionemos como este le PROHIBIÓ a Elizabeth reunirse con y ver a sus hermanas cada vez que esta lo quisiera, a menos que contara con su consentimiento (cuando uno de los muchos motivos por los cuales se enamoró de ella fue, claramente, su gran independencia) como si Elizabeth, en su sano juicio, permitiese que un hombre le dijera que podía y que no, hacer.
"A Elizabeth se le cayó el alma a los pies cuando vio el rostro de su hermana pequeña, tan arrugado, tan amarillento, tan abotargado. Había engordado hasta perder toda su figura, como un saco de carne encorsetado en una apariencia de feminidad; las arrugas apergaminadas en la parte de arriba de sus pechos revelaban que, cuando se quitara el corsé, se derrumbarían como almohadas medio llenas colgadas en un tendedero."
"¡Oh, Lydia! Aquel que fuera antaño un maravilloso pelo rubio no había visto el agua y el jabón durante meses, y sus rizos aparecían ahora verdosos y grasientos, y aquellos grandes ojos azules, que tanto se parecían a los de su madre, estaban ahora ennegrecidos por alguna sustancia que al parecer tendría que oscurecerle las pestañas."
– Lydia: no es novedad alguna que su personaje no me gusta en lo absoluto y que me daría absolutamente igual tanto que existiera cómo si no fuese así, pero incluso a la persona más tediosa y poco agradable de todas, la convirtieron y peor aún, la radujeron, a una mujer que muy poco se asemeja a la niña de dieciséis años que conocimos en Orgullo y Prejuicio, chispeante, llena de vida y ambiciosa. Ahora Lydia vive una vida sumamente vulgar, encontrándose Wickham en Estados Unidos por obligaciones respecto al regimiento, esta se entrega a los más bajos placeres carnales con amantes menores que ella y bebiendo como quién vive la buena vida, de manera despreocupada, siendo mantenida por su propio cuñado, puesto que su marido continúa siendo un completo e irrevocable inútil y pasando el tiempo. La describen como una mujer venida abajo a pesar de su corta edad, regordeta debido a su afán por la comida y la bebida, descuidada en cuanto a lo que imágen respecta y sin sentido alguno del decoro. En otras palabras, una cualquiera que en nada se parece s ella realmente.
"—¡Mi querida Jane! —Elizabeth fue a abrazarla.
Jane se arrojó a aquellos acogedores brazos, y volvió a llorar. Decía algo ininteligible; Elizabeth sabía que pasarían días antes de que sus tiernos sentimientos se calmaran lo suficiente como para permitirle un discurso lúcido."
– Jane: lo poco que leí sobre ella me hizo saber que, al menos en lo que respecta a su personaje, algo se mantuvo fue y fue el tierno origen y naturalidad de sus sentimientos. Así como Jane permanece siendo Jane, también lo continúa haciendo si estrecha, especial y única relación con Lizzie. Eso es, entre todo esto, mí único alivio.
Lo único que voy a agregar al respecto es que si tiene una estrella es meramente porqué quiero que mí reseña aparezca, pero más allá de eso, no merece puntuación alguna, así como tampoco merecía que le dedicará mi tiempo y mucho menos una reseña. Es una clara y total falta de respeto para la literatura en términos generales.