El desarraigo imposible (del libro “Los desterrados”), por Eduardo Sánchez Rugeles
Los desterrados recoge los textos que Eduardo Sánchez Rugeles (o su alter ego, Lautaro Sanz) publicara en su columna homónima en el portal Relectura. El libro fue publicado este año por Ediciones B.
Licenciado en Letras (Universidad Católica Andrés Bello, Caracas); Licenciado en Filosofía (Universidad Central de Venezuela); Magíster en Estudios Latinoamericanos (Universidad Autónoma de Madrid) y en Estudios Literarios (Universidad Complutense de Madrid). Ganador del Premio Iberoamericano de Novela Arturo Uslar Pietri (2010) con Blue Label / Etiqueta Azul. La novela Transilvania unplugged resultó finalista en el mismo certamen.
Este libro habla del "desarraigo imposible", que es un concepto abstracto pero tabú. Aunque últimamente seamos mas los que podemos sentirnos identificados, en realidad no es un término que haga sentir cómoda a la gente. Sin embargo, a veces en la crudeza uno termina encontrando cosas hermosas.
Asumo que tanto al escritor como a mí, nos encantaría acabar encontrando el arcoiris después de este palo de agua. Por eso me quedo con esta frase “Tengo la convicción de que nos encontraremos el día que dejemos de buscarnos.” y con la esperanza que así sea.
Leer sobre el hastío de la mano de Sánchez Rugeles es comparable a ver el cielo y notar las nubes: no hay nada nuevo, pero siempre encuentras una mínima belleza en la costumbre de lo clásico.
Justo antes de leer Los desterrados, me encontré con una nota anónima escrita en la última página, como el último recuerdo de las penas de la dueña original. De ello, hay una línea potente: “Escribir sobre la necesidad de saber, pero no poder”. Un buen resumen del lugar de donde vienen las inquietudes y divagaciones de ese “desarraigo imposible” que las crónicas tratan de representar. El inicio pasa de un rechazo crudo, juvenil y cínico a una nostalgia profunda fruto de ese odio de la impotencia que encapsula un sentimiento nacional. Se siente como un preludio de los últimos 14 años.
El problema con este tipo de crónicas es que se enfrentan constantemente a la venezolanidad cambiante e intransigente. El relato de hoy no es el de mañana y, si así lo fuera, ha cambiado tanto que se siente tan distinto como igual. El caos encuentra nuevas formas de manifestarse, algo que ni el mundo interior irreverente (y hasta un poco demente, en el buen sentido) del autor puede predecir. También peca de diálogos no tan pulidos, monólogos impropios de mi generación y de la anterior y hasta un sabor malsano.
No es lo mejor de Sánchez Rugeles, de eso no hay duda, pero es su relato más personal. Es uno que busca retratar el odio, el amor y el dolor de aquellos a los que injusto decir que se rindieron porque, en realidad, los derrotaron. Si Lautaro Sanz vuelve alguna vez a nuestras vidas, ojalá que sea para reafirmar “el empeño de la voluntad, la promiscuidad de los sueños y la invulnerabilidad de las palabras” (p. 143).
Su mordacidad es su "grito silencioso". Rugeles sigue siendo con inteligente sarcasmo e ironía, la crítica que necesita la inverosimilitud de nuestros tiempos en Venezuela. Grandes crónicas!
"Siempre he pensado que la venezolanidad ha de ser algo así como esos cotidianos olvidos domésticos, como aquellos episodios en los que la prisa o el estrés nos hacen perder de vista, por ejemplo, las llaves de la casa. La impaciencia, en esas circunstancias, nos obliga a buscar en lugares remotos, a remover papeles y desordenar la casa. Tarde caemos en cuenta, con justificada vergüenza, que las llaves las teníamos en la mano (...). Tengo la convicción de que nos encontraremos el día que dejemos de buscarnos." E.S.R
Sánchez Rugeles siempre logra atraparme, misteriosamente con este texto no lo hizo. Aunque me he identificado con algunas características de el típico venezolano auto-desterrado. Liubliana y Blue Label se siguen llevando el oro.
La crítica arranca bien, pero parece tener miedo de llegar tan lejos como podría. Sánchez Rugeles, en su afán de exilio, nunca sale de la cárcel venezolana que creó dentro de la diáspora.