Adolescentes que se aíslan de su entorno social y ya no disfrutan en sus relaciones sexuales. Adultos que han perdido su empleo y hecho daño a su familia debido a su adicción. Cada vez se consume más porno, y cada vez a edades más tempranas. Internet y la revolución del smartphone han permitido una difusión masiva de la pornografía; en España, la edad media del primer contacto con este material es entre los nueve y los once años. Pero ¿somos conscientes de sus consecuencias?
Alejandro Villena, psicólogo y sexólogo clínico, explica su impacto en las relaciones personales y sexuales y sus costes sociales y psicológicos. Un tema extremadamente complejo que aborda de forma rigurosa, incluyendo datos estadísticos, estudios académicos, investigaciones científicas, reflexiones personales y testimonios.
El autor analiza cómo debería cambiar esta sociedad hipersexualizada para ser menos cosificante y menos denigrante, y proporciona herramientas prácticas para prevenir, detectar y gestionar la adicción a la pornografía. Nos recuerda la importancia de desarrollar una sexualidad sana, basada en el respeto, la ética, la gestión de las emociones, la equidad y la aceptación de uno mismo. En definitiva, un libro que todos deberíamos leer.
Libro recomendable para personas que no estén muy puestas en el tema de la pornografía. Seguramente cumpla su función con respecto a la intervención con adolescentes también.
Personalmente me parece un poco tibio y que toca muy por encima la cuestión (clave) de que la pornografía es explotación sexual de mujeres y niñas.
Es un libro que se lee muy bien y que como dice su autor, no deja indiferente a nadie. Esto se debe a que es un tema del que se habla mucho, pero que de forma rigurosa se sabe poco. Voy a empezar valorando las cosas positivas. Lo primero es la información tan relevante que da acerca de la vinculación de la trata de blancas en el mundo de la pornografía. A esto le acompaña el estudio del gran olvidado en el mundo de cualquier adicción, que es la pareja del adicto, al que se le da importancia en un apartado del libro. También destacar el fomento que hace por una mejor comunicación sobre la educación sexual. Ahora voy con lo que no me ha gustado. A mi parecer, hay dos sesgos claros en este libro, que lo vuelven algo tendencioso y no valoran con suficiente rigurosidad la situación de la pornografía. El primero es que su autor está vinculado a corrientes católicas (lo cual no hay ningún problema) y le hacen evadir estudios y amplificar situaciones. Por ejemplo, evade la cantidad de estudios que hablan sobre la religiosidad como una variable mediadora en la auto percepción de la adicción a la pornografía y como está incongruencia moral es la que está detrás del impacto de muchos consumidores de pornografía. Por otro lado, al hablar de las consecuencias del consumo de pornografía por medio de la tolerancia que genera, comenta haber visto como muchos hombres heterosexuales acaban consumiendo contenido de mujeres trans. Este tema es muy interesante, porque si que parece un fenómeno que pasa. Sin embargo, da a entender que supone un grave problema el gusto de mujeres trans por parte de un hombre heterosexual, sin dar a entender en ningún momento que el problema parece un fetichismo sobre esta población, pero no tanto el aceptarlo como algo que pueda generar deseo sexual en un hombre heterosexual. En segundo lugar, hay un sesgo clínico. Muchas veces habla de lo que ve y le llega en consulta y de ahí concluye que la pornografía es siempre mala y que va a intentar argumentar a toda costa todas las posibles consecuencias aunque no estén probadas, llegando incluso a frases tan vacías que puedes utilizar para cualquier argumento sobre lo que puede afectar algo como la siguiente: “Que una persona vea pornografía y no sienta su impacto negativo no excluye que lo esté sufriendo inconscientemente”. Esa frase literalmente la puedes usar con todo: “Que una persona coma manzanas y no sienta su impacto negativo no excluye que lo esté sufriendo inconscientemente”. También esto se ve con el uso de las investigaciones, cuando los estudios avalan lo que piensa los utiliza, pero cuando no hay investigación pues usa el testimonio de un caso clínico. Vuelvo a concluir que Alejandro sabe entretener y mantiene al lector enganchado, le he escuchado en varias ocasiones y no puedes no mantenerte concentrado en lo que dice. Sabe vender el producto y sabe conectar con la historia, pero para mi esto es solo una parte de la historia.
Aunque al principio me acerqué a este texto con mucho escepticismo, lo encontré una lectura valiosa de todos modos.
No estoy de acuerdo con algunas de las opiniones del autor —psicólogo y sexólogo con amplia experiencia clínica y de investigación— sobre el sexo, y en ocasiones sentí que ciertos aspectos de estas opiniones provenían de ideales que dan la espalda a hábitos que, en mi opinión, son parte de nuestra naturaleza humana, y que nos han servido —de una forma u otra— a lo largo de la historia de nuestra civilización para llevarnos hasta donde estamos y permitir que personas como yo puedan leer libros como este. El mejor ejemplo de esto es la aversion a la violencia.
Puede que hable desde la ignorancia, pero en el mundo en el que vivimos, donde estas tendencias primordiales ya no son necesarias y pueden ser más bien inconvenientes cuando se manifiestan a nivel individual en una sociedad, podemos redirigirlas como medios de placer y entretenimiento, y no hay mejor escenario para ello que el sexo mismo. Pero para el autor, parece que estas deberían ser extirpadas; en el mejor de los casos serían un apéndice inútil, y en el peor, un tumor canceroso.
Por otro lado, la investigación en torno al tema principal parece sólida, y los costos sociales, psicológicos y neurológicos del consumo de pornografía son muy reales; probablemente algo que vale la pena considerar en los debates sobre cómo abordamos el sexo, y en particular, cómo educamos a las nuevas generaciones en temas sexuales hacia el futuro. Creo que esto es un síntoma del modo en que la producción y el consumo de bienes y servicios han evolucionado junto con las sociedades, y que puede observarse en muchos otros productos que son útiles pero también dañinos en ciertas circunstancias. El plástico, la carne, la ropa, la agricultura, las redes sociales, la energía, y muchas otras industrias son espadas de doble filo que con demasiada frecuencia parecen ser el único cuchillo disponible en la cocina. Pero a pesar de sus inconvenientes y las manchas que dejan en nuestra conciencia, no podemos olvidar que si no hubieran evolucionado como lo hicieron durante los últimos dos siglos, nosotros —no como especie, sino tú y yo como individuos— tal vez no existiríamos, y no podemos pretender descartarlos de inmediato y por completo por el daño que puedan causar en el futuro.
De todos los libros sobre sexo que he leído en el pasado —que admito no son muchos—, este es quizás el más consciente, pero también el que más se siente “vegano”, lo cual puede ser algo bueno o malo dependiendo de tus preferencias personales.
En cualquier caso, es una lectura útil, y aunque la prosa no es especialmente buena por sí sola, y algunas secciones pueden sentirse algo desorganizadas, lo considero una lectura obligada para cualquier persona con hijos o que planea tenerlos, y para cualquiera que intente comprender el panorama actual de la sexualidad y la educación sexual.
Ofrece una visión clara sobre los problemas del porno y cómo influye en la forma en que los adolescentes entienden las relaciones. Ayuda a identificar señales, dudas y problemas que pueden aparecer en el aula. Es una guía útil para que los profesores acompañen mejor a su alumnado con una educación sexual crítica y segura.
Con argumentos, datos y consejos, este libro ayuda a mostrar la verdadera cara de la pornografía: el daño que hace al cerebro, cómo influye en la autoestima, la manera en que llega a deteriorar las relaciones, etc. Para Bachillerato en adelante.
Me encantó leer este libro, es un lenguaje sencillo, pero, su mensaje es claro y bien fundamentado en la ciencia dice acerca de los efectos de la pornografía en la vida de las personas.
Es que la sexualidad es un hito normal dentro de nuestras vidas, y, nuestra responsabilidad es vivirla de una forma saludable y sin distorsiones, ni expectativas surrealistas como lo que muestra los vídeos pornográficos.
Es claro que vivimos en una era sexualizada, donde todo hace referencia al sexo. Y, donde los que son padres deben de mantenerse vigilantes que es lo que están consumiendo sus hijos, por que el porno está al alcance de un click
Y, el mensaje no solo es para la población más pequeña, si no, también en los adultos, en que manera esta práctica está afectando mi desempeño como persona, pareja, padre, hijo, por que aunque creamos que "lo vemos ocasionalmente, que daño puede hacer" va causando cambios en nuestro cerebro y haciéndonos creer que es lo que necesitamos para obtener un espejismo de placer.
En este mundo de la pornografía, nos roba la empatía, si, te has puesto a pensar en la cosificación de los cuerpos, la violencia de los actos, y otros delitos que están dentro de este contenido, es que se empieza con algo "leve" pero se termina en algo en que se pierde nuestra verdadera esencia y nos convertimos en parte del problema