Llevo muchos días, meses incluso, estirando la lectura de “se te oscurece el pelo”, de María José Hasta. No quería que acabara nunca y se la recomiendo a absolutamente todo el mundo.
El libro podría ser un conjunto de textos, o una novela fragmentaria, lo único seguro es que sigue una línea temporal: desde la infancia hasta la edad adulta. Y así me he sentido mientras lo leía, disparada en todas las direcciones. Me ha gustado tanto que he vuelto a leer en voz alta (más allá de las clases), hasta he perseguido a mi pareja por la casa leyéndole los textos “Calle Torre Mendoza sin número”, “Monumento con guirnalda” y “Monumento al trabajo”. Creo que esto es sintomático de lo que te provoca el libro: la necesidad de compartir, de interpretar, de dejarse empapar por los registros y por la oralidad.
Lo visual está tan presente como la palabra, o más, y tras terminar la lectura acabas con un repertorio de imágenes únicas, de perspectivas concretas, como si de verdad hubieras estado allí, en todas partes, como si hubiera visto en España Directo, o en Callejeros, a María Antonia, la niña prodigio; o como si estuviera sentada en la primera fila de una clase de la profe a la que le falta un agujerito en la punta de la nariz.
Para mí, María José Hasta es una suerte de Lydia Davis española, y estoy muy feliz de haberla leído en la edición de Caballo de Troya a cargo de Sabina Urraca.