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Escritores delincuentes
«Quien es capaz de escribir un gran libro no se merece estar entre rejas. Eso debieron de opinar Cocteau y Sartre cuando defendieron a Genet, y tantos otros intelectuales que, a veces sin conocer bien los hechos delictivos de sus protegidos, se lanzaron a una cruzada para liberarlos.
No me considero inmune a la fascinación por los fuera de la ley. ¿Burroughs mató a su mujer jugando a Guillermo Tell? ¿Álvaro Mutis estuvo en la famosa cárcel de Lecumberri por malversación? ¿Anne Perry fue una adolescente asesina? Quizá, al principio me empujaba sobre todo una curiosidad algo morbosa. Pero los escritores seleccionados no son interesantes sólo por su biografía. Lo verdaderamente interesante es la relación entre ésta y su obra, cómo en ambas se entrelazan temas como la culpa, las injusticias sociales, la capacidad redentora —o no— de la escritura, la verdad en la ficción, la mentira en la autobiografía, la relación con la propia violencia, su mirada sobre la cárcel, sobre los jueces, sobre otros delincuentes, la impresionante tensión entre lo que dicen y lo que callan... El libro del escritor delincuente se vuelve una nueva sala del tribunal, y el lector el jurado o, en algún caso, un nuevo acusado como miembro de esa sociedad a la que condena el delincuente. En pocas ocasiones une la literatura de forma tan consciente a escritor y lector, no sólo mediante el acto literario, también a través de la confrontación entre sus valores y opiniones.»
No me considero inmune a la fascinación por los fuera de la ley. ¿Burroughs mató a su mujer jugando a Guillermo Tell? ¿Álvaro Mutis estuvo en la famosa cárcel de Lecumberri por malversación? ¿Anne Perry fue una adolescente asesina? Quizá, al principio me empujaba sobre todo una curiosidad algo morbosa. Pero los escritores seleccionados no son interesantes sólo por su biografía. Lo verdaderamente interesante es la relación entre ésta y su obra, cómo en ambas se entrelazan temas como la culpa, las injusticias sociales, la capacidad redentora —o no— de la escritura, la verdad en la ficción, la mentira en la autobiografía, la relación con la propia violencia, su mirada sobre la cárcel, sobre los jueces, sobre otros delincuentes, la impresionante tensión entre lo que dicen y lo que callan... El libro del escritor delincuente se vuelve una nueva sala del tribunal, y el lector el jurado o, en algún caso, un nuevo acusado como miembro de esa sociedad a la que condena el delincuente. En pocas ocasiones une la literatura de forma tan consciente a escritor y lector, no sólo mediante el acto literario, también a través de la confrontación entre sus valores y opiniones.»
368 pages, Paperback
First published January 1, 2011
About the author
José Ovejero
59 books77 followersNacido en Madrid en 1958. Licenciado en Geografía e Historia. Ha vivido varios años en Alemania y Bruselas y vive en la actualidad en Madrid.
Ha publicado novelas, libros de cuentos, poesía, teatro y libros de viajes. Ha recibido los premios Ciudad de Irún de poesía, Grandes Viajeros de libros de viajes y Primavera de novela.
Sus artículos y relatos han aparecido en diferentes periódicos y revistas, tanto en España como en el extranjero.
Ha dado conferencias en universidades e instituciones culturales en España, Italia, Estados Unidos, Bélgica, Francia, Argentina, Ecuador, México y otros países.
Es miembro de la Asociación Internacional de Literatura y Cine Españoles Siglo XXI (Alces XXI)
Ha publicado novelas, libros de cuentos, poesía, teatro y libros de viajes. Ha recibido los premios Ciudad de Irún de poesía, Grandes Viajeros de libros de viajes y Primavera de novela.
Sus artículos y relatos han aparecido en diferentes periódicos y revistas, tanto en España como en el extranjero.
Ha dado conferencias en universidades e instituciones culturales en España, Italia, Estados Unidos, Bélgica, Francia, Argentina, Ecuador, México y otros países.
Es miembro de la Asociación Internacional de Literatura y Cine Españoles Siglo XXI (Alces XXI)
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Displaying 1 - 4 of 4 reviews
January 30, 2016
A mitad de camino entre el ensayo y la biografía, José Ovejero reúne en Escritores delincuentes a una veintena de autores que, de una forma o de otra, tuvieron sus más y sus menos con la justicia.
Como cada capítulo ilustra una de estas biografías, resulta un tanto difícil hacer una reseña general. Sí podemos decir que Ovejero demuestra un buen trabajo de investigación y su narrativa es amena y precisa, aunque a veces desconcierte un poco con cierto tipo de comentarios tales como: «Quienes ahora critican la dictadura de los mercados deberían ver lo que era depender de los caprichos de un noble de antaño», aunque reconoce que no puede evitar sentir simpatía por algunos de los biografiados. Hay que agradecerle a Ovejero el haber destapado el que, a interés de este lector, es el personaje más curioso de este libro: El argelino residente ilegal en Francia Abdel Hafed Benotman. Como además de ser sobre autores, este es un libro de sentenciados por la Justicia, en lugar de reseñarlos me limitaré a listar prontuarios.
Abdel Hafed Benotman: Ladrón, extranjero ilegal, atracador de joyerías, de bancos y de algún que otro furgón blindado. También se ha fugado de la cárcel, en la que ha cumplido cuatro estancias. Realizaba sus atracos con armas de réplica o sin munición, por lo que su prontuario no cuenta con crímenes de sangre: «No cometo más violencia que la psicológica», afirma. Hafed, hijo de inmigrantes argelinos, es un hombre que se escapa de todos los cánones. «Yo practico la guerrilla social», afirma convencido. «Una guerrilla social que consiste en evitar los cauces establecidos y rodearme de una influyente red de amigos». Benotman murió a finales de 2014 y aún no ha sido traducido al español.
Anne Perry: El caso de esta escritora inglesa de novela negra suele ser de los más comentados, acaso emblemático. Sin embargo, durante mucho tiempo permaneció oculto, hasta que ella admitió públicamente ser Juliet Hulme, la chica de 13 años que planeó y ejecutó con su amiga Pauline el asesinato de la madre de esta. Le machacaron el cráneo con un ladrillo envuelto en un calcetín. No quiso volver sobre su pasado hasta que la película Criaturas celestiales (1994), de Peter Jackson, desenterró el lejano y doloroso proceso.
María Luisa Bombal: La escritora chilena en 1941 compró un revólver, se dirigió hasta el hotel Crillón y esperó a Eulogio, su ex amante. Cuando éste salió le disparó tres veces. Fué encarcelada, su víctima sobrevivió retirándole todos los cargos. Se dio a conocer con el libro La última niebla y La amortajada.
Jean Ray: Escritor belga que desarrolló una notable carrera literaria dentro del género fantástico y de terror. Sentenciado a 6 años de cárcel por desfalco y contrabando de alcohol durante la ley seca. (fue liberado a los dos años). Escribió tanto en francés como en holandés. Publicó tanto relato como novela, siendo quizá Malpertius su obra más conocida, ya que fue llevada al cine en 1971 y protagonizada por Orson Welles.
Jean Genet: Fue condenado por la justicia hasta en diez oportunidades. Alardeaba de ser un vagabundo, un ladrón y un chapero. El autor de Diario del ladrón, Querelle de Brest, Las criadas, Un cautivo enamorado y El condenado a muerte. Levantó una enorme polémica con su texto El niño criminal, que reflexiona justamente sobre la naturaleza del delito y del castigo.
Jack Henry Abbot: cautivó al escritor y periodista Norman Mailer, quien llegó a intercambiar con él más de mil cartas y le ayudó a conseguir la libertad condicional, en 1981. A dos semans de salir, Abbot acuchilló a un camarero en una disputa y volvió a la cárcel. Es autor de In the belly of the beast entre otros títulos.
Hugh Collins: Este escocés tuvo un largo historial de alcohol, drogas y cuchilladas, aunque solo se le pudo probar un asesinato. Descubrió la escritura y la escultura en un programa de reinserción. Publicó su primer libro, Autobiografía de un asesino, en 1998.
Lucien Carr: –miembro de la generación Beat– en 1944 apuñaló a David Kammerer, un joven homosexual que estaba obsesionado con él. Arrojó su cadáver al río Hudson y después les contó a Burroughs y a Kerouac lo que había hecho, y los hizo cómplices del asesinato. La historia fue contada por Kerouac y Burroughs en: Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques.
Krystian Bala: Escritor y filósofo polaco. En el año 2000 asesinó al supuesto amante de su ex esposa. La policía no pudo inculparlo entonces por falta de pruebas. En el año 2003, Bala publicó una novela, Amok, con detalles que fueron usados como prueba para condenarlo en un segundo juicio.
Como cada capítulo ilustra una de estas biografías, resulta un tanto difícil hacer una reseña general. Sí podemos decir que Ovejero demuestra un buen trabajo de investigación y su narrativa es amena y precisa, aunque a veces desconcierte un poco con cierto tipo de comentarios tales como: «Quienes ahora critican la dictadura de los mercados deberían ver lo que era depender de los caprichos de un noble de antaño», aunque reconoce que no puede evitar sentir simpatía por algunos de los biografiados. Hay que agradecerle a Ovejero el haber destapado el que, a interés de este lector, es el personaje más curioso de este libro: El argelino residente ilegal en Francia Abdel Hafed Benotman. Como además de ser sobre autores, este es un libro de sentenciados por la Justicia, en lugar de reseñarlos me limitaré a listar prontuarios.
Abdel Hafed Benotman: Ladrón, extranjero ilegal, atracador de joyerías, de bancos y de algún que otro furgón blindado. También se ha fugado de la cárcel, en la que ha cumplido cuatro estancias. Realizaba sus atracos con armas de réplica o sin munición, por lo que su prontuario no cuenta con crímenes de sangre: «No cometo más violencia que la psicológica», afirma. Hafed, hijo de inmigrantes argelinos, es un hombre que se escapa de todos los cánones. «Yo practico la guerrilla social», afirma convencido. «Una guerrilla social que consiste en evitar los cauces establecidos y rodearme de una influyente red de amigos». Benotman murió a finales de 2014 y aún no ha sido traducido al español.
Anne Perry: El caso de esta escritora inglesa de novela negra suele ser de los más comentados, acaso emblemático. Sin embargo, durante mucho tiempo permaneció oculto, hasta que ella admitió públicamente ser Juliet Hulme, la chica de 13 años que planeó y ejecutó con su amiga Pauline el asesinato de la madre de esta. Le machacaron el cráneo con un ladrillo envuelto en un calcetín. No quiso volver sobre su pasado hasta que la película Criaturas celestiales (1994), de Peter Jackson, desenterró el lejano y doloroso proceso.
María Luisa Bombal: La escritora chilena en 1941 compró un revólver, se dirigió hasta el hotel Crillón y esperó a Eulogio, su ex amante. Cuando éste salió le disparó tres veces. Fué encarcelada, su víctima sobrevivió retirándole todos los cargos. Se dio a conocer con el libro La última niebla y La amortajada.
Jean Ray: Escritor belga que desarrolló una notable carrera literaria dentro del género fantástico y de terror. Sentenciado a 6 años de cárcel por desfalco y contrabando de alcohol durante la ley seca. (fue liberado a los dos años). Escribió tanto en francés como en holandés. Publicó tanto relato como novela, siendo quizá Malpertius su obra más conocida, ya que fue llevada al cine en 1971 y protagonizada por Orson Welles.
Jean Genet: Fue condenado por la justicia hasta en diez oportunidades. Alardeaba de ser un vagabundo, un ladrón y un chapero. El autor de Diario del ladrón, Querelle de Brest, Las criadas, Un cautivo enamorado y El condenado a muerte. Levantó una enorme polémica con su texto El niño criminal, que reflexiona justamente sobre la naturaleza del delito y del castigo.
Jack Henry Abbot: cautivó al escritor y periodista Norman Mailer, quien llegó a intercambiar con él más de mil cartas y le ayudó a conseguir la libertad condicional, en 1981. A dos semans de salir, Abbot acuchilló a un camarero en una disputa y volvió a la cárcel. Es autor de In the belly of the beast entre otros títulos.
Hugh Collins: Este escocés tuvo un largo historial de alcohol, drogas y cuchilladas, aunque solo se le pudo probar un asesinato. Descubrió la escritura y la escultura en un programa de reinserción. Publicó su primer libro, Autobiografía de un asesino, en 1998.
Lucien Carr: –miembro de la generación Beat– en 1944 apuñaló a David Kammerer, un joven homosexual que estaba obsesionado con él. Arrojó su cadáver al río Hudson y después les contó a Burroughs y a Kerouac lo que había hecho, y los hizo cómplices del asesinato. La historia fue contada por Kerouac y Burroughs en: Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques.
Krystian Bala: Escritor y filósofo polaco. En el año 2000 asesinó al supuesto amante de su ex esposa. La policía no pudo inculparlo entonces por falta de pruebas. En el año 2003, Bala publicó una novela, Amok, con detalles que fueron usados como prueba para condenarlo en un segundo juicio.
June 12, 2026
Hacia tiempo no le ponía 5 estrellas a un libro, creo que quería sentirme vivo, salir de la rutina, no sé.
(que es precisamente por lo que a veces se lee o se roba una joyería)
Últimamente he terminado insatisfecho con los ejemplares que he sacado de la biblioteca, I'm making bad decisions y mientras escucho esa letra de The Strokes, ya con mi entrada al concierto en la mano, confirmo que hay todo tipo de malas decisiones como escribir o cometer delitos.
Vaya que se disfrutan estas compilaciones sobre escritores "por temas", como antes me pasó también con El escritor en su paraíso, Diccionario de literatura para snobs, Historias de mujeres e incluso los que todavía están esperando su turno como Vidas escritas o Vidas para leerlas y aunque sean autores inventados como en La literatura nazi en América.
El problema del volumen (y de la realidad) es, como siempre, lo arbitrario de las categorías y las dificultades ontológicas tanto para definir a un escritor como a un delincuente, a pesar de los esfuerzos de Ovejero. Pensemos en un año, 1854, pensemos en dos personas que nacieron ese mismo año: Rimbaud y Oscar Wilde. No me queda claro si el primero llegó a ser traficante de esclavos pero, si lo hubiera sido, en una época eso no era delito. Por el contrario, el segundo sí fue considerado un criminal y hasta estuvo en la cárcel por homosexual. Es obvio que en la actualidad sus destinos hubieran sido al revés, lo que confirma la relatividad de las clasificaciones.
Y, buena parte del volumen hace referencia a casos de gente que quizás no consideraríamos, en principio, escritores, pues se dedicaron a eso recién entre rejas y muchas veces para huir de ellas. Escribir un libro no te hace escritor, dentro o fuera de la penitenciaría. Y es aquí cuando el libro se aleja de lo literario para plantear dudas o reflexiones jurídico-penales: desde la influencia de las diferencias sociales en la represión y la vida de los presos hasta la aparente posibilidad de un resocialización y reintegración social, como el caso de Anne Perry. Y nombres y más nombres (es decir, historias): el cruel caso de Jose León Sánchez o el indignante de Jeffrey Archer, un congresista-delincuente, si se me permite el pleonasmo.
Pero me gustó sobre todo por la prosa del autor, sabe sortear las continuas repeticiones de las rutinarias biografías con los mismos elementos de infancia difícil, primeras transgresiones y estadías en prisión, sin ser sórdido ni melodramático, dialogando inteligentemente con el lector y hasta manteniendo algo de emoción.
Como suele pasar con estas compilaciones, te "abre las puertas" a multitud de autores, títulos e historias que desconocía, pues es un mundo amplísimo. Eso explica porque encuentro entre mis pendientes otro libro del mismo estilo titulado Condenados a escribir: Escritores entre rejas de Daria Galateria. Creo que seré reincidente.
(que es precisamente por lo que a veces se lee o se roba una joyería)
Últimamente he terminado insatisfecho con los ejemplares que he sacado de la biblioteca, I'm making bad decisions y mientras escucho esa letra de The Strokes, ya con mi entrada al concierto en la mano, confirmo que hay todo tipo de malas decisiones como escribir o cometer delitos.
Vaya que se disfrutan estas compilaciones sobre escritores "por temas", como antes me pasó también con El escritor en su paraíso, Diccionario de literatura para snobs, Historias de mujeres e incluso los que todavía están esperando su turno como Vidas escritas o Vidas para leerlas y aunque sean autores inventados como en La literatura nazi en América.
El problema del volumen (y de la realidad) es, como siempre, lo arbitrario de las categorías y las dificultades ontológicas tanto para definir a un escritor como a un delincuente, a pesar de los esfuerzos de Ovejero. Pensemos en un año, 1854, pensemos en dos personas que nacieron ese mismo año: Rimbaud y Oscar Wilde. No me queda claro si el primero llegó a ser traficante de esclavos pero, si lo hubiera sido, en una época eso no era delito. Por el contrario, el segundo sí fue considerado un criminal y hasta estuvo en la cárcel por homosexual. Es obvio que en la actualidad sus destinos hubieran sido al revés, lo que confirma la relatividad de las clasificaciones.
Y, buena parte del volumen hace referencia a casos de gente que quizás no consideraríamos, en principio, escritores, pues se dedicaron a eso recién entre rejas y muchas veces para huir de ellas. Escribir un libro no te hace escritor, dentro o fuera de la penitenciaría. Y es aquí cuando el libro se aleja de lo literario para plantear dudas o reflexiones jurídico-penales: desde la influencia de las diferencias sociales en la represión y la vida de los presos hasta la aparente posibilidad de un resocialización y reintegración social, como el caso de Anne Perry. Y nombres y más nombres (es decir, historias): el cruel caso de Jose León Sánchez o el indignante de Jeffrey Archer, un congresista-delincuente, si se me permite el pleonasmo.
Pero me gustó sobre todo por la prosa del autor, sabe sortear las continuas repeticiones de las rutinarias biografías con los mismos elementos de infancia difícil, primeras transgresiones y estadías en prisión, sin ser sórdido ni melodramático, dialogando inteligentemente con el lector y hasta manteniendo algo de emoción.
Como suele pasar con estas compilaciones, te "abre las puertas" a multitud de autores, títulos e historias que desconocía, pues es un mundo amplísimo. Eso explica porque encuentro entre mis pendientes otro libro del mismo estilo titulado Condenados a escribir: Escritores entre rejas de Daria Galateria. Creo que seré reincidente.
January 5, 2013
Relatos varios de diferentes escritores a lo largo de toda la historia de la literatura que por alguna razón u otra fueron encarcelados. Ya sea por embaucadores, ladrones y hasta asesinos, gente que ha estado tras las rejas y desde ahí o a partir de ahí escribieron libros.
Nos encontraremos con sorpresas de grandes nombres de la literatura y el por qué o el cómo llegaron a la cárcel. Relatos verídicos, algunos más cortos que otros. Se recomienda leer un capítulo por día. Y si tienes buena memoria, es un excelente libro para ser un name-dropper e impresionar a tus amigos los intelectuales contándoles estas historias.
Nos encontraremos con sorpresas de grandes nombres de la literatura y el por qué o el cómo llegaron a la cárcel. Relatos verídicos, algunos más cortos que otros. Se recomienda leer un capítulo por día. Y si tienes buena memoria, es un excelente libro para ser un name-dropper e impresionar a tus amigos los intelectuales contándoles estas historias.
February 18, 2012
Prometía tanto este libro!
La temática era muy interesante, y tenia mucho material para sacarle partido pero al final el estilo del autor nunca me atrapo.
Un libro para olvidar.
La temática era muy interesante, y tenia mucho material para sacarle partido pero al final el estilo del autor nunca me atrapo.
Un libro para olvidar.
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