Universo Retro presenta: "Carlitos" una novela gráfica nacional autoconclusiva. 68 páginas en blanco y negro, excelente calidad de edición para la primera parte de esta secuela. Escrita por Sebastián Rizzo y dibujada por Sergio Monjes, con portada de Juan Bobillo. Es la historia de un viejo fan de las historietas que está en las últimas de su vida hasta que le surge la posibilidad de ser alguien en la vida...un héroe como los que tanto admira. Pero las cosas no son tan fáciles como parecen. Es una historieta oscura, bastante realista, sin superpoderes ni nada por el estilo, es algo que a cualquiera nos podría pasar.
Carlitos es la historia de un perdedor obsesionad con las historietas, superhéroe frustrado, obsesivo y patético. Como nosotros. Pero por lo menos Carlitos entretiene, hace reír y llorar. No como nosotros que por lo general aburrimos, damos risa cuando queremos emocionar y hacemos llorar a los que queremos sacarle una risa.
Pocos personajes parecen menos destinados a generar empatía con el lector como el protagonista de Carlitos. Resulta muy difícil encariñarse con él, admirarle algún rasgo o siquiera compadecerse de sus desdichas. A ver, Carlos es un hombre mayor que lleva años deprimido por la muerte de su esposa. Su hija lo desprecia y le basta salir a la calle para hacer el mayor de los ridículos. Su único solaz es la historieta de superhéroes, con la que está obsesionado. El guionista (Sebastián Rizzo) emplea unas 45 de las 56 páginas del relato en que nos quede claro que Carlitos es un tipo patético. No hay página en la que no le ocurra una desgracia, en que alguien no lo denigre, lo insulte, le arroje algo o, llegado el caso, se mee encima. De modo que para cuando llega el instante de posible redención del tipo, el lector ya está esperando que las cosas salgan mal. Y le salen peor de lo esperado. La cuestión de fondo con el relato es que no parece tener una idea suficientemente fuerte para sostenerlo. Su solo concepto es “si sos un viejo panzón que está deprimido no te disfraces de Batman”. Por lo demás, difícilmente se trate de un homenaje de ningún tipo, pues la imagen patética que transmite el protagonista se adhiere morosamente a todos los tópicos que recorre la historia. Si se piensa en un homenaje al Batman de los años 60 (aunque aparece Adam West, pero en Animate), como uno supondría de un libro publicado por una editorial que se llama Universo Retro, la cosa falla porque aquí su figura es ridiculizada. El género de superhéroes también es despreciado. Como parodia, le falta fuerza al humor. Si se piensa como una reflexión sobre la depresión, la historia se hunde todavía más. Ni siquiera es un personaje que podría enorgullecer al fandom, que sería la otra opción potable para una historia de un tipo que se roba un traje de Batman para rescatar gatitos y nenas atrapadas en edificios en llamas.
Finalmente, algunos pasajes del guión resultan algo forzados. Hay cabos que quedan sueltos sin mayor explicación y otros que se resuelven por la mera ubicuidad de personajes minúsculos (es decir, por suma de casualidades).
En cuanto al dibujo, la cosa tampoco marcha del todo bien. El trabajo de Sergio Monjes tiene algunos inconvenientes, sobre todo en lo que hace al dinamismo de las escenas. Los personajes muchas veces parecen congelados en el lugar, y aunque la composición es correcta, en general las posturas corporales (y mucho de la gestualidad de los personajes) dan la sensación de haber sido muy posadas o tomadas de fotografías, que aquí es un recurso muy notorio en ciertos escenarios, pero que se incorpora sin ninguna naturalidad al trabajo general.
El problema es que el relato no consigue construir un tema fuerte En última instancia, lo único rescatable es el guiño al fandom contemporáneo con la incorporación de la convención porteña a la historia. Por lo demás, resulta llamativo que haya sido elegida como la primera obra de una editorial que pretende hacer el salto de los juegos de cartas temáticos al libro de historieta.
La verdad que se hace difícil, muuuy difícil, querer un poco al protagonista de esta historieta, al que sin duda no se le puede llamar "héroe". Sus aventuras, acorde a su personalidad, son patéticas y desabridas, y hacen que a veces uno le sienta lástima y otras directamente repulsión. Y que conste que esto no quiere decir que el cómic no me haya gustado, eh. Si la intención de los autores era generar todo eso, la verdad que les salió muy bien. Me pregunto si lo "redimirán" para la continuación.