Colección de ensayos de Azorín (José Augusto Trinidad Martínez Ruiz, 1873-1967 publicada en 1944 según apunta el prologuista Pedro de Lorenzo, pero cuya temática la desarrolló el autor desde 1904.
Los ensayos, en los que según el prologuista predomina "Fino humor, galantería de exquisito, pasión de España...", versan sobre el gusto por la naturaleza y los libros, la observación del paisaje castellano y levantino de la época, delicadas sátiras de costumbres, Montaigne, la novelística de Pío Baroja, algunos escarceos con la pintura española (Velázquez, Sorolla, Zuloaga Aureliano de Beruete...) y el ambiente museístico madrileño.
Índice
Prólogo de Pedro de Lorenzo
Curso abreviado de pequeño filósofo El niño descalzo Impresiones del Ateneo Un pequeño homenaje La casa, la calle y el camino Guía de forasteros "The time they lose in Spain" El doctor Dekker está satisfecho El doctor Dekker se marcha Desdichas y malandanzas de "Azorín" en Levante "Wanderings in Spain" Confesión de un autor Un recuerdo La casa vasca. La casa levantina. La filosofía de Pío Baroja "Aurora Roja" Las confesiones de un pequeño filósofo La psicología de Pío Cid Para amigos y enemigos Conjuración de señoras Un almanaque El misterio de las cosas Las ideas de Montaigne La nueva crítica Cuestiones de actualidad Aureliano de Beruete La España de un pintor En el Museo En el otro Museo Castillos de España
Spanish poet and writer José Augusto Trinidad Martínez Ruíz wrote most of his literary works under the pseudonym Azorín.
The eldest of nine brothers, he studied law at the University of Valencia, then worked as a journalist in Madrid. He later emigrated to Paris.
He also wrote under the names Fray José (in "The Catholic Education of Petrer") and and Juan of Lily (in "The Defender of Yecla").
He was an anarchist in his youth, but grew more conservative as he aged and supported Franco when the General came to power in Spain (although the author remained in France).
Digressions of the Little Philosopher. Azorín talks to us about various topics in essays, chronicles and articles where the main thing is to digress. He finds the sound relationship with Montaigne, but what could go unnoticed is his relationship with Laurence Sterne, as many of the digressions suggest a sentimental trip to Spain. The author's point of view is spicy, entertaining and very clear in showing the customs of Spain that are still very current and that apply to all of Latin America. If it is contrasted with "Five hours with Mario" by Delibes, both works are better appreciated. I await the comments of it.
Digresiones del Pequeño filósofo. Azorín, nos habla de variados temas en ensayos, crónicas y artículos donde lo principal es la digresión. Se encuentra la diáfana relación con Montaigne, pero lo que podría pasar desapercibido es la relación con Laurence Sterne, pues muchas de las digresiones hacen pensar en un viaje sentimental por España. El punto de vista del autor es picante, entretenido y muy claro en mostrar las costumbres de España que todavía son muy actuales y que se aplican a toda latinoamérica. Si se contrasta con "Cinco horas con Mario" de Delibes, se aprecian mejor ambas obras. Espero sus comentarios.
Amable conjunto de ensayos en los que predomina el amor por la naturaleza, la ironía delicada, la observación de la España de principios de siglo XX. Según Justo Fernández López, fue el autor más representativo, mas no el más importante de la generación del 98 y en sus ensayos, buscó "lo cotidiano, lo sencillo, los “primores de lo vulgar”, lo pequeño.", huyendo de la grandilocuencia y el histrionismo histórico.
Si bien el prologuista de la obra indica que los ensayos fueron publicados, como colección, en 1944, en Google Books se menciona una fecha de publicación de 1929 (http://books.google.com/books/about/T...) y, en mi opinión, la evidencia interna de los ensayos apuntan a una fecha mucho más temprana de composición, posiblemente entre 1900 y, a lo sumo, 1915. Los ensayos tratan de un mundo amable, exquisito donde está ausente la sombra venidera de la Primera Guerra Mundial, una bella época en la cual pareciera que un político como lo fue Azorín, más que hacer política jugaba a ella en una España adormecida, una España donde un "pequeño filósofo" podía disfrutar de los libros clásicos, de pequeños y frugales placeres de una vida culta y donde podía exclamar como lo hace en el primer ensayo: "¡Viva la bagatela!"
El estilo es liviano y ameno, y hace gala de un fino humor y un delicado sentido de una ironía que hace sonreir más que herir. Recuerda la amabilidad de algunos de los ensayos sobre temas no religiosos de G. K. Chesterton.
Destacan en la colección, ciertos muy entretenidos ensayos como el maravilloso Segundo curso abreviado de pequeña filosofía que es un dechado de buen humor. En otra serie de ensayos, como "The time they lose in Spain", El doctor Dekker está satisfecho y El doctor Dekker se marcha la ironía y la sátira sobre la sociedad española de la época son más marcadas pero conservando un tono más bien indulgente.
Sólo dos o tres ensayos tienen un toque de melancolia o de bilis. En Desdichas y malandanzas de "Azorín" en Levante, una contracara nublada de Azorín escribe una versión alterna de algunas peripecies del Azorín soleado y luminoso. En Un almanaque, el narrador le ofrece "leer" el futuro a un coro de muchachas; sus vaticinios son tristes pues "el porvenir es para nosotros siempre risueño; la realidad es siempre dolorosa". Finalmente en el ensayo final Castillos en España, el ensayo más realista y pesimista del volumen, confronta la fantasía de un español venido de ultramar para poner en marcha un proyecto idealista de creación de una universidad en España para los hispanoamericanos, con la realidad de una España pobre, inculta, atrasada y desnutrida.
Hay hermosos ensayos sobre la naturaleza, el paisaje madrileño y levantino; interesantes impresiones de lecturas de Montaigne y Pío Baroja, entre otros. También es un enamorado de los museos, de Velázquez y de Goya y se asoma al arte de su época con sensibilidad y criterio propio.
Una colección entretenida con la fragilidad de un cristal que el lector sabrá teñir con la melancolía de un momento histórico destinado a estallar como pompa de jabón.
Azorín era cronista y, a mi parecer, uno bastante bueno. Capaz de retratar la España de sus tiempos, de cómo vivía entonces el arte, la gente y la naturaleza; en varias ocasiones repite su respeto hacia la visión que tiene un médico del mundo (tal vez añoranza vieja de ser uno de ellos, quién sabe); otro es su admirable respeto hacia la filosofía de Montaigne; y su increíble curiosidad hacia los detalles de la naturaleza, la textura del campo, los colores de la vida, los sabores de la tierra, los sonidos del bullicio español. Eso es lo rescatable de sus crónicas.
Me ha gustado. En sus páginas puede uno viajar a pequeños pueblos españoles y conocer la peculiar vida de sus gentes; deternerse en la descripción de pequeños detalles o paisajes; conocer la visión del autor sobre los problemas de la España de la época. Todo esto con un toque de humor e ironía que hace su lectura muy interesante.