Analí no tiene pelos en la lengua, dice lo que piensa y en su día a día, esta mujer felizmente divorciada, nos comparte su particular visión del matrimonio y la convivencia.
Esta es una historia bizarra, delirante y llena de sentido del humor. La protagonista nos relata como Lucho, eyaculador precoz y analfabeto emocional, es experto en fiestas de la espuma.
Nos presenta a su familia putativa, habitantes de Villa Truño, donde lo cotidiano adquiere otro nivel y te aseguro, querido lector, que tal fauna no te dejará indiferente.
Lenguaje violento y soez. Esta lectura no es apta para todos los estómagos.
En El club de las chicas de Oro: Felizmente divorciada, nos encontramos nada más y nada menos que eso, a una mujer divorciada. Una mujer divorciada, que en mi caso, ha conseguido que me meta en su cabeza (o ella en la mía) y que sea capaz de proferir a igual velocidad la ristra de improperios que le dedica en su conjunto a toda su ex familia. Y es que, en esta corta historia, hay un poco (o mucho) para todos.
Escrita en forma de monólogo breve, aunque a veces se me ha hecho un poco pesado, la autora buscaba que el lector se metiera en la cabeza de la protagonista. Así que, en lo que a mí respecta, como antes he mencionado, objetivo logrado con creces. Incluso, a pesar de la situación que narra, tal y cómo lo relata, me ha sacado algunas risas. Mención especial para el momento lavavajillas que por poco no me pasa a mí unos días antes de leer ese capítulo y me hizo la mañana cuando lo leí.
En general, considero que ha sido un primer contacto muy positivo con Mari Carmen (además de que he tenido la oportunidad de comentar la novela con ella y otros lectores), por lo que espero leer más obras de ella en un futuro.