"Entre los archivos del distrito" transcurre en un mundo íntimamente asolado y sin nombre. En él, un hombre llamado John escribe un diario que nos da entrada a esta realidad a medio camino entre el universo infraordinario de Georges Perec, la existencia administrada de algunos personajes de Franz Kafka y la sociedad distópica de la película Brazil de Terry Gilliam. John lleva una vida aparentemente banal, organizada de forma extraña en torno a ciertas obsesiones hacer la compra, detectar cuál es la cola más rápida en el banco, ir a la estafeta de correos o evitar a un vecino brutal. Sus tareas parecen insignificantes… hasta que descubrimos que su mundo se halla bajo el etéreo control de una misteriosa delegación, un amorfo poder burocrático en el que los distritos vigilan a sus habitantes, regulan una sexualidad inquietante y conservan archivos sobre cada uno de ellos. Llegados a cierta edad, el distrito obliga a todos los ciudadanos a unirse a alguno de los complejos clubes funerarios que parecen ser la columna organizativa de esta sociedad. John descubre que algunas personas están desapareciendo, mientras otras son brutalmente atacadas. Repentinamente, en esas mismas tareas cotidianas que jalonan su vida comienza a intuir los signos de una conspiración vaga y no declarada contra el orden de las cosas, de regulación laberíntica y origen remoto, pero que bien podría estar cristalizando en imperceptibles grupos de resistencia. Solo, miserable y cobarde, John comienza una campaña de microsabotaje para intentar confirmar su intuición y escapar de este mundo.
Aprovechando que la editorial errata naturae regala algunos de sus libros para paliar el confinamiento en casa (http://erratanaturae.com/8805-2/), me acerco a este autor, desconocido para mí.
Y la verdad, no lo empiezo de la mejor forma. Es algo agobiante y desalentador, justo lo que necesitas después de una semana encerrado en casa. Pero luego va cogiendo ritmo, y aunque sigue siendo deprimente (el protagonista está metido de lleno en una distopía tipo "1984"), el humor y el reconocimiento de la situación del personaje principal, aportan cierta esperanza. La parte final ya es un carrusel de situaciones locas, que desencadenan un desenlace redondo y en cierta manera luminoso. Y ahora tengo que dejaros. Las obligaciones de mi club funerario no pueden esperar.