Esta narración forma parte de la saga “Los grandes tlatoanis del imperio”, en la que retrata el México antiguo, partiendo de la vida de sus gobernantes. A través de descripciones vívidas y atmósferas recreadas con precisión, conocemos los ritos y ceremonias de los pueblos, los banquetes y coronaciones, la vida de las concubinas en el palacio, las intrigas y luchas por el poder, las estrategias en la guerra y en la política, la vestimenta y las herramientas con las que iban a la batalla, trabajaban en su vida cotidiana o realizaban sacrificios y ofrendas.
La novela reconstruye el intenso y tortuoso recorrido de Nezahualcóyotl desde que debe huir al exilio para salvarse hasta que regresa encabezando el ejército con el cual recuperará su esplendoroso imperio. Un personaje humano que comienza acorralado como una víctima y llega a convertirse en un ilustre gobernante que emprende un camino de crecimiento interior. Uno de los hombres claves para comprender nuestro pasado prehispánico.
En esta entrega hace el retrato de Nezahualcóyotl. Antonio Guadarrama intenta reconstruir el tortuoso recorrido del llamado Rey Poeta de Tezcoco: desde que es víctima de una guerra sangrienta y debe huir al exilio para salvarse, hasta que encabeza el ejército más poderoso de su tiempo para luchar por su esplendoroso imperio. Un personaje humano que comienza acorralado y llega a convertirse en un ilustre gobernante que emprende un intenso camino de crecimiento interior. No me encanta el estilo de Antonio Guadarrama, pero le reconozco que está haciendo una gran labor al novelar la historia de los grandes personajes, míticos (Cuauhtli: La Revelacion del Aguila) o reales (Tezozómoc, Nezahualcóyotl) de nuestro pasado prehispánico. Resulta revelador lo que declara en una entrevista: "A Nezahualcóyotl hay que sacarlo de los billetes de cien pesos, pues no se trata de una caricatura ni de un héroe de bronce, sino de un ser humano con claroscuros al que pocos conocemos, no obstante ser parte importante de nuestro pasado..." (Periódico La Jornada, Martes 31 de enero de 2012, p. 4) ..."aunque no nos guste, Nezahualcóyotl fue un genocida, destruyó un pueblo, Azcapotzalco, en venganza porque Tezozómoc mató a su papá; eso dicen las crónicas. Y si bien no trato de hacer a Nezahualcóyotl un tirano, planteo ese choque interno que pudo tener, el no saber si hizo las cosas por justicia o por venganza. Lo convierto en alguien un poco más humano, aunque eso signifique mostrar lo feo que hay detrás".
Es realmente admirable la cantidad de información recopilada por Guadarrama (el autor) para el desarrollo de una novela coherente en todos los aspectos; incluso los diálogos y el estilo de discurso que usaban los habitantes originales coinciden con lo que narran las crónicas, códices y relatos (sí, hasta donde sabemos así era: rimbombante y lleno de fórmulas protocolarias). Sin embargo, el escrito adolece de un estilo literario primitivo, muy sencillo, casi infantil.