Review original (2022):
Cernuda sale del armario con "Los placeres prohibidos" (1931), un poemario escrito durante una ráfaga creativa, en menos de una semana, y apenas cinco años antes de la Guerra Civil española (1936-1939).
"Los placeres" nos adelantan muchas cosas del contenido de la obra futura de Cernuda, que el poeta terminará publicando bajo el título "La realidad y el deseo" (que resume bien los temas de toda su obra: la fuerza del deseo frente a los límites de la realidad; en el amor, la guerra, el exilio de la patria cuando huye a México). Quizás lo más significativo es que en "Los placeres" Cernuda no pone nombre a los hombres de los que se enamora, mientras que en futuros poemarios sí encontrará una fuerza en la nominalización (e.g., pienso en "La desolación de la Quimera", de 1963, donde la evocación directa de figuras como Mozart, a quien dedica un poema, Federico García Lorca y otros amigos de los que Cernuda se despide directamente). En ese sentido, podríamos pensar que "Los placeres" están tan (dolorosamente) anclados a la idea del "deseo cernudiano" (como contraposición a lo que puede ser real) que dar nombres propios es imposible, y esto puede servir como metáfora de todo el movimiento homosexual, antes y después del franquismo. Se puede hablar de los muertos, pero no de amores "impedidos" por la realidad.
Desde un punto de vista más formal, se considera el último aproximamiento de Cernuda a la poesía surrealista. Creo que se infravalora este hecho en relación a las condiciones de publicación de esta colección de poemas: si se pudieron escribir en una semana, es en buena parte, porque Cernuda empleó técnicas de este movimiento (como la escritura automática) que, para poner realmente al autor al servicio de los "mecanismos ocultos de su mente", obligan a asumir el compromiso de "vomitar" el texto sin mucho espacio para la edición posterior. Es quizás una de las cosas que más nos gustan de este poemario: rezuma honestidad. Mucho más, por ejemplo, que la mirada más cínica de los desamores homosexuales de Jaime Gil de Biedma. Quizás Cernuda y Gil de Biedma, en el fondo, hablen de lo mismo (las pocas veces que sucede el amor: "cuartos oscuros" y, básicamente, cruising, en lugares insalubres o a espaldas del resto de la sociedad); pero, mientras que el sujeto poético de Gil de Biedma parece autocomplacerse en esa clandestinidad, el de Cernuda estudia sus límites y contradicciones. "Los placeres" no es un poemario sobre el placer, sino sobre el lugar extraño en el que queda cuando se prohíbe.
Es por eso que el Cernuda surrealista no tiene la frivolidad de los tigres de Dalí, sino que emplea esos desiertos, esas imágenes oníricas, para dar dinamismo tanto a las cosas que lo ensalzan como las que le provocan pesadillas. Habla de "abandonar por amor" (e.g., en el poema "Te quiero", donde enumera todas las formas en las que le ha dicho "te quiero" al sujeto amado, y anuncia que ahora lo dirá con "la muerte", que es, dice, "el olvido"; esto, por ejemplo, nos hace pensar en Freud: Eros vs. Tánatos; lo que nos evoca, de nuevo, al análisis de los sueños y temas de interés del grupo surrealista que están presentes a lo largo de todos los poemas).
No tiene, tampoco, el compromiso de Breton. Como es común en el surrealismo español, las técnicas son controladas (no podemos hablar en ningún caso de "escritura automática" o libre asociación de ideas total) y se ponen al servicio del contenido. En ese sentido, también parece importante señalar que todos los versos de los poemas comienzan en mayúscula, lo que es un estilo relativamente cosmopolita para la época, y responde a la voluntad del autor de dar un valor independiente a cada verso.
Cernuda es quizás uno de los poetas menos reivindicados internacionalmente de la Generación del 27 española, donde sobresalieron mucho más (evidentemente) Federico García Lorca, pero también el premio Nobel Vicente Aleixandre, y Pedro Salinas. En los años previos a la Guerra Civil, tiene amistad con la mayoría de poetas de este grupo, especialmente con Lorca y con el cineasta Luis Buñuel (de quien se terminará separando, como Lorca, por la autoconfesa homofobia del autor, que muchas veces se regocijaba de ir con un bate de béisbol para "pegar palizas a homosexuales" en baños públicos). Con la Guerra Civil y el triunfo del modelo nacional-católico franquista, Cernuda se instala en México, un país mucho más liberal en la época donde consigue rehacer su vida.