Del primer e inolvidable encuentro con el fuego de la especie, la dulce pero quemante confluencia de la piel ajena –aunque sea imaginada– con el deseo inexperto pero vigoroso, se han escrito millones de páginas. En la narrativa mexicana las más conocidas quizás sean "Las batallas en el desierto" y "Elsinore". Mucho menos leída, pero igualmente hermosa es esta pequeña novela (¿o gran cuento?) del también desatendido Juan García Ponce, escritor yucateco cuya obra está impregnada de tropicalismo y sensualidad, así como una afable pero bien ejecutada técnica narrativa.
La trama de "La Gaviota" es sencilla pero llena de significado: es la historia de dos adolescentes descubriendo el erotismo. Luis y Katina son dos jóvenes hijos de dos parejas de amigos que han ido a vacacionar a la playa. Él, se asume, es mexicano y ella viene de una familia de ascendencia alemana, por lo que habla este idioma, además del español. Durante las vacaciones, Luis y Katina comienzan a conocerse y a compartir la belleza del mundo idílico que los rodea. Disfrutan del mar, los paseos por el puerto y la compañía del otro, hasta que ven interrumpida su soledad compartida por la llegada de los familiares y amigos de Luis, quienes también han llegado a disfrutar del verano y quienes, por supuesto, sienten curiosidad por Katina. Se desata en Luis una verdadera batalla interior pues no logra comprender lo que siente y suele encontrarse terriblemente confundido y furioso. Entre vaivenes de celos y cariño, como el reflujo marítimo, Luis y Katina van formando una unidad tan deliciosa como incomprensible, y así llegan al episodio final en el que, consumidos por toda la rabia del amor correspondido, que es imposible asumir porque sencillamente nunca se le había conocido, ceden a la pasión mutua. Este último episodio es memorable por toda la carga simbólica que está implícita en la figura de la gaviota (que había acompañado a los jóvenes hasta este momento) y por la complejísima relación sentimental experimentada por cada uno de los protagonistas. Junto con este, se queda en la memoria también –Octavio Paz coincide– la bella y misteriosa imagen de los jóvenes recostados en un árbol viendo los fuegos fatuos emerger de lo que alguna vez fuera un cementerio.
El relato es prístino y asequible, pero quizás lo más importante del texto sean sus estrategias narrativas. Una sólida tesis de Martha Nelly Farrera González profundiza en el análisis estructural de "La Gaviota" haciendo especial hincapié en el papel del erotismo, pero también, nos muestra algunas de las elecciones estéticas del autor que, para un lector distraído como yo, pueden pasar desapercibidas. Por ejemplo, el profundo significado que encuentra su significante en la gaviota, que al tiempo que adelanta la acción final la representa con toda su pureza y luminosidad pero también con su encarnizado apetito. Y también, ya respecto a los tiempos narrativos, nos percatamos de la circularidad de la historia, que abre justo ante de consumarse para sumergirse en el recuerdo y luego retornar a la escena inicial, tal como hiciera el propio Paz en "Piedra de sol".
En general, la novela es muy bella, y llena de asombro cuánto es posible teorizar en torno a ella siendo de una extensión tan breve. Pero los escasos textos críticos que he podido revisar suelen coincidir en la investigación de la obra de García Ponce en tanto que literatura de la voluptuosidad, sin llegar a problematizar este tema.
Quiero, por tanto, cerrar mi comentario señalando una discusión, que, si bien ya ha sido abierta, es necesario indagar más en ella. Me refiero al análisis de esta obra desde el feminismo.
Y es que, muy a pesar de la prosa cautivadora, nos encontramos aquí con una visión de la sexualidad innegablemente masculina y patriarcal. El relato, contado por un narrador omnisciente no oculta adecuadamente el hecho de que la trama gira alrededor de la figura de Luis y su propia coyuntura sentimental. No en vano, toda la acción parece conducir al acto mismo de la consumación que se muestra precedida de violencia. No en vano, tampoco, es un texto comentado con notas de nostálgico cariño por los hombres de letras, como lo demuestran las reseñas del siempre admirado Paz.
Creo que este relato construye su universo desde una visión del erotismo que, pese a ser una etapa importante del pensamiento nacional, quizás ya no deberíamos de replicar. Por ello, me parece que siempre será necesario acercarnos a narrativas como esta desde una profunda y bien crítica mirada histórica y estética.