3,75 / 5
Segunda y penúltima entrega de Kuro, un manga bastante peculiar. Al igual que el volumen anterior, viene dividido en dos partes. La primera trata de la historia principal, tres capítulos completos que vienen a todo color y avanzan en el presente. Y, en segundo lugar, cuatro historias cortas, en el tradicional blanco y negro del manga que recorren flashbacks u otras historias. La historia principal ha empezado a ponerse turbia: Coco se niega a ver la realidad sobre Kuro, sus padres y el monstruoso mundo donde vive. El resto de gente que si ve las maldades que tiene alrededor no para de advertirla, tanto sobre lo que le rodea como del propio Kuro, el cual lejos del bello felino que ella ve es un ser agresivo y monstruoso. Las historias cortas no paran de generar más preguntas que respuestas, pero sirven para darnos antecedentes y ponernos en situación. La idea de Somato de combinar ambas son una gran forma de complementar la historia.
No tengo la más remota idea de como Somato va a conseguir hilar todo y concluir la historia en el tomo final. El último capítulo de la historia principal deja al curioso lector con un curioso cliffhanger de tres pares de narices. Dos cosas me siguen encantando de este manga: la macabra inocencia y el arte. El primero, personificado por Coco y respaldado en gran parte por lo segundo. El arte. El dibujo de Somato, estilizado a la europea, con colores vivos y formas acuarelables. Con viñetas grandes y caras expresivas que transmiten tanto el tono naif como aterrador por momentos. Es una mezcla extraña, pero funciona. A la vez que rodea todo de unos paisajes tétricos. Menos mal que la última parte sale este mismo mes.