En "Las Maquinarias de la Alegría", Ray Bradbury presenta una colección desigual de relatos de ciencia-ficción, fantasía, terror y realismo casi costumbrista, pero no exento de un halo mágico. No existe pues, a primera vista, una unidad temática como en "Crónicas Marcianas", o impuesta desde fuera, como el hilo conductor de "El Hombre Ilustrado", que permita comprender por qué se han conjugado estos relatos y no otros en un mismo libro. Hay temas que se repiten en varios de los relatos, es cierto: el día de muertos de México, la pobreza un poco golfa y pícara de Irlanda, la desolación suave del fin del mundo... pero creo que se trata más bien de temas que se van repitiendo a todo lo largo de la obra de Bradbury, que de temas propios de este libro. Quizá fuera eso precisamente lo que buscaba el editor: dar una visión global de la obra de Bradbury; porque tampoco se trata de relatos escritos propiamente en la misma época, y cuya unidad pudiera justificar la cronología. En todo caso, creo que el resultado final está más que bien conseguido. Uno lee el libro de un tirón, dejándose sorprender por cada relato, sin saber qué es lo que se va a encontrar hasta hallarse inmerso en su lectura.
Todos los relatos en este libro tienen un trasfondo filosófico, o una moraleja y sin duda todos merecen la pena, aunque desde mi punto de vista unos pocos brillan sobre los demás, por lo tanto me centraré en los que para mi son los mejores:
En "El tambor de Shiloh", el General alienta al joven del tambor a realizar su labor con magnificencia y podemos observar como hasta en los trabajos mas sencillos existe la oportunidad de sentirnos orgullosos, ya que cada pieza es necesaria para la constitución del todo y que se requiere el trabajo bien desempeñado de las partes para alcanzar la sinergia que traerá el éxito en la misión y el orgullo personal, es pues, un cuento que nos enseña que "no hay trabajo pequeño".
El relato de los hongos es bastante dinámico y nos encontramos con que el peligro puede venir de fuentes insospechadas y que van metiéndose en nosotros de la manera más simple sin que nos demos cuenta hasta el momento en que el cambio es demasiado grande para pasar desapercibido y no se puede dar marcha atrás.
En "Casi el fin del mundo", podemos dar un vistazo a un mundo sin televisión ni radio debido al daño causado por las manchas solares en nuestra tecnología. En un mundo cerca volverse loco debido a la "falta" de actividad recreacional, alguien comienza a pintar su casa y los demás encuentran que esas actividades de renovación son su nueva ocupación, ocurriendo lo mismo en otras ciudades. Entiendo de lo anterior el efecto narcotizante de la televisión y la radio (en aquellos tiempos) y tal vez ahora podríamos mencionar los videojuegos, las redes sociales y demás que son solamente un sustituto de actividades que podrían hacer de nosotros personas más felices y de nuestro mundo un lugar del que pudiéramos disfrutar más.
Luego de una breve introducción, "El día de los muertos" narra los tres acontecimientos (el niño atropellado, el Cristo que se desprende de la cruz y el toro que muere en el ruedo) como una sinfonía, como algo que ocurre en cámara lenta pero de manera simultánea y nos da un breve entendimiento de que lo que para alguien es muy importante, para los demás carece de sentido ya sea porque no les atañe directamente o simplemente porque no se han enterado de ello.
Finalmente y en mi opinión el mejor relato es "Algunos viven como Lázaro", en el cual vemos a un hombre atribulado que nunca encuentra el valor para rebelarse contra los deseos de su madre. Terminamos viendo que la "hierba mala nunca muere" y que en verdad "algunos viven como Lázaro, en una tumba de vida y salen curiosamente tarde a penumbrosos hospitales, a aposentos mortuorios". Y como menciona un poema dentro del relato: "Mejor los cielos glaciales del Norte que nacer muerto, ciego, convertido en un fantasma. ¡Si Río se ha perdido, ama la Costa Artica!".
Se trata de relatos sencillos, diría que incluso aleccionadores. Sin duda vale la pena leerlos y sobretodo reflexionarlos.