Tras la muerte de Franco, Gabriela regresa a España desde México cumpliendo su vieja promesa de exiliada. En Madrid, donde reside su hija, emprende una nueva etapa de su existencia, entre la rememoración del pasado y la observación lúcida del presente. Una nueva incursión en la reciente historia de España y una magistral reflexión sobre la vejez y la soledad, que cierra la trilogía iniciada con Historia de una maestra y Mujeres de negro.
Josefa Rodríguez Álvarez (La Robla, León, 8 de marzo de 1926 – Mazcuerras, Cantabria, 16 de marzo de 2011), conocida como Josefina Aldecoa, fue una escritora y pedagoga española, directora del Colegio Estilo. Estuvo casada con el escritor Ignacio Aldecoa, de quien adoptó tras su muerte su apellido para su carrera literaria.
Al leer el último libro de una trilogía que te ha calado hondo, al despedirte de los personajes, sus vidas y sus escenarios, uno se queda como huérfano, como con un agujero en las tripas. Conocí a Gabriela por casualidad, conmovido por la portada de la historia de su vida, en la estantería de una tienda de libros de segunda mano del centro. Le vi ir, llena de emoción, a la universidad, a prepararse para ser maestra; le acompañé, literalmente, en su primer destino, en un pueblo perdido entre las montañas; junto a ella conocí a Ezequiel, otro maestro, y de él y sus ideales nos enamoramos; celebramos juntos la llegada de la II República, y la de la pequeña Juana; y, poco después, en el pueblo minero, lloramos el asesinato del marido; después vino el destierro a México, y la hacienda. En el segundo libro la voz pasa de Gabriela a Juana, y con ella compartimos las décadas de destierro, y el retorno a España. Los últimos suspiros del franquismo, los grises, la represión y la transición. En el último libro la voz vuelve a Gabriela, al tiempo que la protagonista, muerto el dictador, regresa a España. Y con ella recordamos todo lo vivido, y nos emocionamos ante los cambios del país, y vivimos con inquietud el golpe de estado. Y poco a poco Gabriela se apaga, en un relato sin parangón sobre la vejez y la demencia, escrito de una forma que, de verdad, te toca el alma. Por supuesto que el libro bueno es el primero, y que los otros dos son sólo complementos para los que no fuimos capaces de olvidar a esta maestra guerrera... pero, aún así, esta saga me ha tocado el corazón. Gabriela, la maestra, por siempre en mi corazón. Y Josefina Aldecoa, ahora más que nunca, para siempre en mi parnaso particular.
Vaya viaje...Tengo que darle 5 estrellas, no por el libro en sí, sino por lo que me ha hecho sentir. Lo primero por poner el punto final a una trilogía en la que hemos acompañado a Gabriela y a su hija Juana a lo largo de toda su vida en un camino muy duro pero a la vez precioso y,lo segundo, porque me ha tenido toda la parte final del libro con el estómago encogido, ha conseguido transmitir lo que quería contar de una forma maestra haciéndote sufrir muchísimo. Leer en primera persona la vejez de una persona, sus últimos días, el efecto de la soledad y como poco a poco va perdiendo su cabeza ha sido algo que no sé cómo definir. Cuánto he sufrido, cuánto dolor y a la vez con cuánto cariño está contado. Una trilogía maravillosa, aunque muy dura.
En La fuerza del destino nos despedimos de la maestra y lo hacemos de una manera melancólica y triste porque son estos los años del olvido y de la muerte. Franco ha muerto y Gabriela puede volver a España pero es este un país que no conoce. dónde ya no le espera nada, dónde no puede jugar un papel activo, dónde los suyos tienen su camino trazado y ella no encuentra su sitio. Recorreremos con ella los años de la decadencia, de la revisión vital, de los recuerdos, los felices y los dolorosos; los años del final. Como es habitual en Josefina R. Aldecoa es esta una novela de sentimientos, un monólogo interior inconexo y a veces confuso entrelazado con el sentir de la época, en este caso los primeros pasos democráticos de España. Con este se cierra la trilogía que comenzara con Historias de una maestra y este cierre es tan devastador, tan triste, que no sé si merece la pena llegar hasta él, quizás por disfrutar una vez más de las letras de esta autora pero no por el goce de una buena historia como en los dos anteriores. Creo que no me hubiera perdido nada si me lo hubiera saltado.
Me ha calado muy hondo y de manera muy jodida. En cualquier otra etapa de mi vida que no fuera esta, no hubiera conectado tanto con este libro. Muchos sentimientos a flor de piel, la última parte ha conseguido provocarme una buena llorera. Más allá de lo personal, creo que Josefina Aldecoa consigue hacer un gran retrato de la vejez y de la vuelta de un exilio a una realidad, un país, que no tiene nada que ver con el que dejó la protagonista. Ligeras pinceladas sobre el lento comienzo de la democracia, mientras nuestra protagonista, una preciosa Gabriela, lucha contra la soledad no querida, otro de los grandes males de nuestra sociedad.
Increíble historia. No tengo palabras para poder describir todo lo que he sentido a leer este libro. Las lágrimas no me dejan escribir con claridad. Esta historia se ha quedado y quedará en mi corazón durante mucho tiempo. Leedlo si tenéis la oportunidad, Ha sido un viaje increible, Gabriela. ♥️
El último volumen, el más duro de leer y el que da sentido a muchas de las cosas que ocurren en el anterior...maravilloso, de lectura obligada toda la trilogía.
Las 4 estrellas porque me ha tenido desanimada en el segundo tercio del libro. El último tercio me ha parecido una traca final de aúpa. Me ha llegado personalmente. El título del libro no me encajaba. El nombre de la trilogía sí, por lo que mi resumen puede ser eso mismo: la memoria.
No me ha gustado nada de este libro. La forma en la que está escrito, la historia en sí… realmente no hay mucho que explicar. Intenté leerlo de manera atenta, pero al final me vi haciendo una lectura en diagonal porque se me hacía tremendamente pesado.
Entiendo que se haya querido hacer una tercera parte para cerrar la historia de Gabriela, especialmente explorando la vejez. Sin embargo, este libro no aporta nada nuevo: se limita a ser una acumulación de recuerdos y recuerdos, hasta que llega la muerte.
Sin lugar a dudas, es el peor de los tres libros. No lo recomendaría. Es una pena, porque el primero, narrado por Gabriela en España, y el segundo, que nos cuenta la historia desde la perspectiva de su hija en México, son muchísimo más interesantes que este cierre. Ambos tienen una historia sólida que contar, con experiencias, sensaciones, sentimientos y miedos que le dan sentido a la narración.
En cambio, el último libro carece de esa profundidad. Se reduce a pensamientos del pasado y las reflexiones de una anciana, sin mucho más que aportar. Se siente como una obra escrita solo para poner fin a la historia de Gabriela, sin añadir nada relevante al conjunto de la saga.
Puedo entender la necesidad de dar un final a Gabriela, pero creo que este libro es demasiado largo para lo que ofrece (y eso que apenas llega a las 200 páginas). Se hace pesado y la historia en sí es deprimente.
Si no hay historia que narrar, lo mejor sería no escribirla.
Qué dolorcito en el corazón el despedirme de Gabriella después de haberla acompañado desde joven a lo largo de toda su vida. Es cierto que la mitad del libro puede ser algo pesado al relatar tantos recuerdos y tanta nostalgia. Pero la última parte es magistral. El deterioro mental, la infancia que se presenta nítida frente la muerte, los padres olvidados, los amores que dejaron y no dejaron huella. Esa persona a la que llamas en la total oscuridad. He sufrido mucho leyendo sus pensamientos, mientras nadie la oía, mientras olvidaba lo inolvidable. Sin duda te acerca a la esencial de la vejez y empatizas con todas estas personas aisladas en una residencia, olvidadas, cuando fueron el motor del progreso, el último recuerdo de una generación que valió la pena. Adiós Gabriela, y a todas las Gabrielas que no tuvieron su homenaje, a todas cuya historia se perdió para siempre cuando cerraron los ojos por última vez.
Densa, difícil de leer, desgarradora. La vida. Es el broche final a una trilogía, a una vida. Esta última parte de la conocida como Trilogía de la memoria es una metáfora en sí misma del final. Escrita en la forma de soliloquio, nos adentramos en los pensamientos, las reflexiones, los sentimientos de Gabriela. Todo comenzó con ella y todo debe terminar con ella. De igual modo, debemos entender la lectura de la trilogía en su conjunto para interiorizar todo el mensaje. La primera parte, Historia de una maestra, se lee deprisa, con vitalidad, fuerza, energéticamente; la segunda, es más reposada. La tercera, esta última, lenta, densa, por momentos muy pesada. Juventud, madurez, senectud. ¡Qué preciosidad de metáfora literaria! No voy a mentir, hay que reposar esta última lectura, sin pausa pero sin prisa, meditando bien e interiorizando lo que se lee. Entendiendo que es la última parte de un todo. De lo contrario, nos aburrirá soporíferamente y abandonaremos. A veces, mientras leía y avanzaba lentamente, pensaba si era precisamente esa la intención: sentir a través de una lectura densa, difícil, lo que implica el deterioro progresivo de la vejez. La página final, el adiós, es de una sensibilidad poética sublime.
Terminé el libro, con el corazón encogido y con lagrimones. Será mi estado de ánimo o puede ser que en estos momentos es justamente la adecuada lectura, donde me ha removido todo por dentro. Ni siquiera me arrepiento del impulso que me llevo a coger del estante en la biblioteca la tercera parte, de una trilogía que en donde vivo está inconclusa. Con suerte aún puedo leer el segundo si tengo la suerte de encontrarlo y podré recobrar a los personajes que en este me hicieron llorar. A Josefina Aldecoa, deberíamos de darle su lugar merecido dentro de las grandes plumas de nuestro país. Una trilogía que nos hace un repaso muy bello de lo que fue nuestra historia.
Cuanto más leo a esta autora más me gusta y conecto con ella. Porque si bien su estilo es sencillo y su manera de narrar podría incluso parecer monótona, su capacidad para transmitir emociones me parece asombrosa. No sabría decir cual de los tres libros de esta trilogía me ha gustado más porque cada uno me ha llegado de una manera. Historia de una maestra le hablaba a mi yo combativo y transformador, Mujeres de negro a la niña comenzando a vivir que siempre hay en mi y este ha llegado directo al corazón de la mujer madura que ya soy con edad de mirar hacia atrás y hacer balance. Josefina Aldecoa es una verdadera maravilla
La historia de Gabriela es también la intrahistoria del siglo XX. Con esta tercera parte se cierra la trilogía de la vida de esta maestra, ahora ya en su vejez. Reconozco que es el libro que me ha resultado más pesado, pues prácticamente es todo la evocación de sus recuerdos. Aún así, merece la pena leerlo para saber el final de la historia, y porque en sus últimas dos páginas descubres el sentido del título y hace que se te erice la piel.
Encuentro innecesario el cambio de narradora, en el segundo libro nos quedamos con un hilo y en este nos encontramos con otro, si era importante tener el punto de vista de las cosas que Gabriela las hubiera contado en el segundo y en el tercero se nos revelará la vida de Juana. El enfoque cambió totalmente, en este solo se nos revela las etapas que pasa una persona en la vejez, no concuerda con nada de los otros libros.
Narrativa sobria, sencilla, frases cortas. Sin dramatismo sabe transmitir todo el dolor y el sinsabor de una mujer entregada en medio de dos realidades, dos existencias, para terminar en tierra de nadie. La crueldad y la descomunal tristeza que arrastran los supervivientes de la GC se transmite como la luz en un visillo. Qué Historia la nuestra.
Un libro muy duro pero exquisitamente escrito. Es un cambio bastante notable de los anterios libros de la triologia. Puedes sentir en tu propia piel como la protagonista se siente. Es triste pero muy bonito.
Final perfecto de la trilogía. En esta parte recuperamos la voz de Gabriela: no sabía cuánto la echaba de menos hasta que empecé a leer. Muy melancólico y conmovedor. La evolución de la narrativa me ha dejado en vilo y enganchada durante toda la lectura y progresivamente.
Reflexión sobre la vejez y la soledad y la pérdida de las capacidades tanto físicas como mentales. Gabriela regresa a España cuando muere Franco como exiliada, a reunirse con su hija Juana y su nieto Miguel.
El final de la trilogía y el final de la vida. Que bonito recordar con ella el paso de la vida y de todas las personas importantes en su vida. Y que duro la llegada del final, un final en todos los aspectos 💔
Sé que esta novela que cierra la trilogía va a ser un eco en mi cabeza durante mucho tiempo. Para juzgar si las crudas reflexiones de Gabriela sobre la maternidad y la vejez son excesivamente pesimistas o un reflejo de la realidad, quizás soy demasiado joven aún. El tiempo dirá.
No ha sido mi favorito de la trilogía la verdad, me ha costado terminarlo. Sin embargo, la última parte sí que me ha enganchado más, los últimos momentos los ha narrado muy bien y entiendes por lo que está pasando Gabriela, y en como se apaga poco a poco.
Un estilo sencillo pero honesto. Los recuerdos que se agolpan al final de la vida, la reflexión en soledad de una existencia intensa con sus pérdidas y sus conquistas.
Jamás llore tanto con un libro , una historia súper conmovedora, que a través de sus 3 libros , me han transportado a la vida de Gabriela y Juana. Genial , mil y una vez me lo leería .