Todo ser humano puede ofrecer al mundo muchas sorpresas, aportar pensamientos nuevos, soluciones originales, actuaciones únicas. Es capaz de vivir su propia vida, y de ser fuente de inspiración y apoyo para otros. A veces, conviene recobrar la mirada del niño, para abrirnos a la propia novedad ―y a la de cada persona ―, y así descubrir el desafío que encierra cada situación. El mundo será lo que nosotros hagamos de él. Al menos, nuestro mundo es lo que hacemos de él. Nuestra vida es lo que hacemos de ella. Somos libres , a pesar de las circunstancias adversas que nos pueden rodear e influir. Y no solo tenemos el derecho, sino también el deber de ejercer nuestra libertad . Justamente hoy es más necesario que nunca que tomemos conciencia de la gran riqueza de la vida humana y busquemos caminos para llegar a ser “más humanos”, y no personas asustadas o empequeñecidas.
La libertad se realiza y perfecciona en la medida en que nos ordenamos hacia un bien que tiene razón de fin. Lo decisivo no es tener varias posibilidades de elegir, sino llegar al fin. Cuando una persona, por ejemplo, quiere visitar por primera vez a un amigo, agradece si alguien le explica antes el camino hacia su casa, porque así no perderá tiempo en buscar la calle. No se quita la libertad, cuando voy directamente a la casa. Esto es señal de perfección. Incluso cuando sólo hay una posibilidad para alcanzar el fin, esto no disminuye la libertad. Si el amigo vive al otro lado de un río, hay que atravesarlo para llegar a su casa. Pero nadie es menos libre por el hecho de seguir un camino necesario que le lleva a un fin querido por él mismo. Según esto se dice que la elección es sólo un acto secundario de la libertad. El acto primordial es el amor.
Amar no consiste simplemente en hacer algo por alguien, sino en confiar en la vida que hay en él. Consiste en comprender al otro con sus reacciones más o menos oportunas, sus miedos y sus esperanzas. Es hacerle descubrir que es único y es digno de atención, es ayudarle a aceptar su propio valor, su propia belleza, la luz oculta en él, el sentido de su existencia. Y consiste en manifestar al otro la alegría de estar a su lado.
Las personas tenemos una misión altísima y un valor infinito, ¡y vivimos como si no fuera así! A veces recitamos nuestras grandes verdades de memoria, sin entender ni mucho menos vivir lo que decimos.
En este libro tan breve y tan bonito se nos recuerdan y aclaran muchas cosas. Desde el origen de la libertad, su finalidad, sus consecuencias prácticas. La pequeñez y la obediencia no están de moda, pero es solo porque están tan mal entendidas. Aquí podemos ver una perspectiva diferente de estos temas.
La educación también tiene un papel importante. Muchas cosas me resonaron sobre la familia y la dirección, tal vez el gobierno no, por las condiciones sociopolíticas en las que vivimos, donde no recuerdan Quién les dio tal poder.
Me ha gustado muchísimo pero necesitaré volverlo a leer para entenderlo bien.
Tiene frases muy acertadas y dice muchas verdades.
Por otra parte me parece un libro muy alegre que te impulsa a querer vivir la vida y ser el verdadero protagonista de tu vida, que pienso que muchas veces no lo somos.
Ensayo sobre la libertad cristiana. De estructura rigurosa y claro en la exposición. Hace convincentes llamadas a la interioridad abierta a la gracia de Dios, a la responsabilidad, a la generosidad con Dios en una relación filial confiada.
Me parece una joyita que ayuda a entender un concepto tan actual a la vez que manoseado como la libertad. La autora explica los conceptos y los planteamientos con mucha sencillez.