ABANDONADÍSIMO.
Y cuando digo abandonadísimo es porque lo dejé a la tercera página. TERCERA.PUÑETERA.PÁGINA. A pesar de no haber leído este libro, tengo que darle una estrella (por no poder darle cero), no por la trama, que no sé cuál es, sino por la redacción. La maldita redacción de este libro ha provocado que me sangraran los ojos y me explotara el cerebro. Gracias a la redacción tan horrorosa no he podido pasar de la tercera página y estoy muy cabreada, indignada y anonadada, con los ojos como platos. Mira que he leído libros malos (generalmente, son por lo que me hice una cuenta en Goodreads, para valorar los libros que ponen por las nubes pero que luego son en realidad horrorosos), pero este es el peor libro que he leído en cuanto a redacción con diferencia, que también he leído libros redactados malamente, con expresiones rimbombantes, palabras vacías..., pero este libro parece que está redactado mal a propósito.
¿Por qué digo que la redacción es horrorosa? Muy sencillo. Palabras en cursiva cada dos por tres, palabras entre paréntesis sin venir a cuento, onomatopeyas molestas inundando las páginas, oraciones que ocupan un párrafo con comas donde no corresponden que entorpecen la lectura.
Pero vamos por partes:
En primer lugar, las palabras en cursiva. Las cursivas se usan con un propósito, ya sea recalcar una palabra que es un neologismo y que aún no registra la RAE o una palabra que está en otro idioma (por ejemplo, los nombres científicos de las especies, como están en latín, se deben poner en cursiva; anglicismos, etc.). ¿Cuál es el propósito aquí? ¿Me estás diciendo que tienes que poner en cursiva las palabras "fría", "atractivo" "forrar" o "afortunada" (en la primerita página, no tiene pérdida)? ¿Qué es esto? ¿Por qué lo haces? ¿Para enfatizarlas? Una buena redacción, o una redacción corriente y moliente en condiciones, mínimamente decente, no requiere de este recurso (mal empleado) para recalcarlas. Me ha cabreado muchísimo. Y ya no porque es gramaticalmente incorrecto, que también, sino por la estética a la hora de leer. Me ha recordado mucho a cuando en la niñez nos poníamos a juguetear con el Word y poníamos palabras en amarillo fosforito y otros colores llamativos. Es irritante para la vista y, por tanto, para continuar la lectura. Es como una mosca que quieres apartar. Me he encontrado a mí misma dándoles toquecitos a las páginas para quitar las cursivas como si fueran un insecto que estorba (no es broma).
Seguimos con las palabras entre paréntesis que no vienen a cuento, todas en mayúscula. ¿Por qué? No tengo ni idea. Es una lógica de la autora que no llego a comprender, lo siento. Estas palabras entre paréntesis parecen acotaciones de una obra de teatro. Bueno, no, no lo parecen. Lo son. En una obra de teatro donde solamente contamos con diálogos de personajes, pónmelas, de alguna manera tendremos que saber cómo tienen que vestir los personajes, qué hacen, qué muecas ponen, qué pasa alrededor... Pero ¿en una novela? Son datos de sopetón que convierten a la redacción en mecanizada, robotizada, como si fuera un croquis de lo que la autora quería contar en vez de contárnoslo. Y las onomatopeyas... Ay, esas onomatopeyas. Voy a explicar un poquito por aquí de qué va la vaina: las onomatopeyas son una figura literaria destinada a remarcar, no el emisor ni el receptor de la comunicación, sino el propio mensaje. Por tanto, su uso es una forma de mimar, limar el contenido de lo que se quiere transmitir. Las figuras literarias abundan en la poesía y forman parte de la denominada función poética del lenguaje. En el género narrativo, por definición, nos encontramos la función referencial. Es que es la función del lenguaje por antonomasia de una novela. Evidentemente, también podemos encontrarnos otras funciones, como la apelativa (que pretende llamar la atención al lector o a otro personaje), la expresiva (como su nombre indica, pretende transmitir cómo se siente algún personaje o el propio autor, parte de la subjetividad) o la fáctica (en los diálogos, por ejemplo). ¿Se puede encontrar la función poética en una novela? Claro que sí, pero no abunda, que es lo que sucede en este libro. Si cada vez que un personaje fuma me pones "(FUU)" para dejar claro que está dando una calada al cigarro (cosa que he visto en otras reseñas, yo repito que solo llegué a la tercera página), me estás dejando claro que no tienes ni idea de redactar. Y ya que me sobrecargas a onomatopeyas, ponme otras figuras literarias, por favor.
Después de esta clasecilla de gramática, ¿seguimos? Seguimos. Las oraciones interminables. No puedes poner oraciones larguísimas. En estos momentos recuerdo cuando estaba en clase de lengua castellana y literatura en el instituto. Nos mandaron de deberes redactar un texto argumentativo y cuando tuve en mis manos la corrección de mi texto, la profesora me puso una nota baja advirtiéndome de que no es correcto alargar tanto las oraciones. Yo me quedé a cuadros, porque no tenía errores gramaticales, pero me di cuenta de que llevaba razón (además, ella era filóloga y yo, no). Quise hacer una redacción tan compleja y tan perfecta que acabó siendo un churro. ¿Y ahora esto se encuentra en libros publicados que han pasado por una editorial? Ahora entiendo a mi profesora al cien por cien. Además, la combinación de lo robotizadas que resultan las palabras entre paréntesis y tantas comas plagando el texto... Es impresionante los estragos que estas dos cosas juntas pueden causar. Cuando pones muchas comas, lo que estás haciendo es aislar un conjunto de palabras de otras, en proposiciones. Para que nos entendamos, como en cajoncitos separados unos de otros. Abusar de las comas provoca que no haya cohesión en el texto. Es como transmitir: ahora esto. Ahora lo otro. Luego lo otro. Vale, pero la información no está unida. Al final, si las oraciones son kilométricas también, ya no sabes ni lo que has leído. De hecho, es lo que me ha pasado. Me ha costado acabar cada oración y, como no conseguía captar un significado completo, las volvía a leer, y cada vez me resultaba más tedioso y complicado.
En resumidas cuentas: nos venden este libro diciendo que la autora tiene un estilo muy personal. No, perdona. Esto no es un estilo personal. Esto es una chapuza y un insulto a todas las personas que nos hemos hinchado a realizar comentarios de texto, análisis sintáctico de oraciones, redacciones de textos argumentativos y análisis funcional de palabras para selectividad. Y quiero dejar muy clarito que yo no he hecho una carrera de letras, pero tengo un conocimiento básico de gramática castellana. Me gustaría aclarar también que no creo que sea toda la culpa de la autora. ¿Hola, editorial? ¿Qué están haciendo los editores? Hay que hacérselo mirar.