Vida de Arcadio es un reportaje íntimo, escrito en segunda persona, que tiene como asuntos coincidentes la juventud del autor y la juventud de la democracia española. La lucha por hacerse un hombre, detallada sin pudor ni contemplaciones, se cruza con las mentiras de su tiempo y con la primera y que la juventud sea el almacén de los sueños perdidos. Aunque esta indagación sobre lo íntimo que el autor acomete con la voluntad de verdad que usa en su oficio para narrar la vida de los otros es también una celebración alegre y sensible de muchos momentos inaugurales de la experiencia. Escrito desde la convicción de que el pasado solo puede observarse con los ojos del presente, el libro ajusta las cuentas con algunas crisis contemporáneas, extrañamente vinculadas con las de hace cuatro décadas; como si el tiempo fuera esa ilusión que documentan los físicos y los poetas.
Sinceramente creo que no es un libro sólo para los "muy cafeteros" seguidores habituales de Arcadi Espada porque me ha parecido un ejercicio literario sorprendente. Espada emprende en este libro un camino al filo de la autoficcion al escribir unas memorias de su juventud de los 20 años, cuando Arcadi recela siempre ácidamente de la ficción. Asistimos al trabajo de funambulista entre su memoria, que miente como la de cualquier persona, y el relato de lo que él mismo fue con 20 años. En mi opinión, el resultado de su investigación/introspección es exitoso. Al final, tenemos una biografía de Arcadi Espada con 20 años, un gilipollas comunista (como decía Jiménez Losantos de sí mismo), hecha por él mismo con solvencia intelectual.
El libro contiene la biografía de un joven llamado Arcadio, un veinteañero de la Barcelona de finales de los 70s y principios de los 80s. Está escrito por Arcadi Espada, haciendo parecer que el biografiado fuera una persona distinta al propio Arcadio, pero está super claro que se trata de la misma persona, Arcadi de mayor y Arcadio de joven. El Aracadi actual hace la biografía de Arcadio joven, cotilleando en sus archivos personales, documentos, recortes, fotografías, etc guardados desde entonces.
A Arcadio le pilla la muerte de Franco (finales de 1975) trabajando en un almacén. Lo que da pie a describir las impresiones que causó este hecho en los compañeros de trabajo. En aquellos años inicia los estudios de periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona, aunque no frecuentaba mucho las aulas. Ya empezaba a publicar en revistas y periódicos de la época (Climax, Ajoblanco, etc). En el verano de 1979 realiza un viaje a Caprarola (Italia) a un campo de trabajo en el que un centenar de jóvenes se reúnen para realizar un servicio civil de protección del campo, pero es más bien una reunión sobre charlar de política. En aquellos años Arcadio se sitúa alineado con las ideas del comunismo italiano (PC, Berlinguer, Gramsci, etc) , luego militaría en el PSUC.
En cada capítulo del libro se trae a la memoria algún compañero del campo de trabajo de Caprarola. El biógrafo trata de localizar por redes los compañeros de Arcadio en Caprarola e incluso viaja para visitarlos, aunque en algunos casos no tiene éxito o ya no se quiere recuperar la relación, 40 años después. También se memora y trascribe alguna de sus entrevistas de aquella época a personajes como Antoni Tapies, Althuser, el doctor Dexeus, la duquesa roja, e incluso el todopoderoso director de El País, Juan Luis Cebrián. Entre sus maestros de estilo periodístico están Vázquez Montalbán y Josep Pla. Después de Caprarola, Arcadio vivió en comunidad en un piso al que le llamaban El Corro. Allí vivía también su novia Maite.
Junto con el recuerdo de los hechos hay reflexiones sobre varios temas de debate de aquellos años, pero que siguen siendo polémicos en la actualidad: la transición a la democracia en España, en la que la izquierda prácticamente no intervino, sobre el golpe de estado del 23F, sobre las drogas que arrasaron con mucha gente de su generación. Una reflexión muy adecuada en la que hace sobre la lengua catalana y los castellano hablantes, la migración a Cataluña: Arcadio es nacido en Barcelona, pero hijo de andaluz y catalana, es decir, “charnego pata negar”. Habla sobre un sinfín de temas, la literatura, su primer cuento, el cine, Jean Luc Godard, la vergüenza, la universidad, Barcelona y sus bares, sus viajes a Madrid con todos los gastos pagados, la vuelta a casa después de abandonar “El Corro” a ayudar a su padre. También considera el flamenco, ya que Arcadio hizo un viaje a Andalucía para hacer entrevistas y artículos. Critica el lenguaje que se utilizaba al principio de la transición en los periódicos y que luego se fue modificando. Otros temas tratados son la cancelación, el suicidio, etc. El abandono del PSUC (el partico comunista en Cataluña) por su tibieza en la crítica del encarcelamiento de Albert Boadella.
El libro es muy interesante ya que expone muchos hechos que, aunque los viví, prácticamente no los recordaba. Sin embargo, la lectura es a veces difícil cuando se hacen citas de textos complejos de los que no se tiene el contexto. Hay una cita de un texto de Faulkner que ya se dice que en bien difícil. Ciertas reflexiones son complejas y necesitarían mayor extensión y explicaciones.
Escrito en segunda persona por el que parece ser el alter ego maduro del joven Arcadio, consiste en una retahíla de recuerdos de juventud del famoso periodista esmaltados de reflexiones. Rememora su ya lejana juventud a través de la reconstrucción de una estancia en Caprarola (Italia) a finales de los años 70 en plena transición. Resulta bastante deshilvanado y caprichoso el relato, lleno de alusiones políticas a su pasado comunista. Parece una mirada en espejo del Arcadi de hoy al joven idealista de los 70. Hay ajustes de cuentas con personajes como Vázquez Montalbán o Haro Tecglen, que llegaron a justificar o blanquear, como se diría ahora, el terrorismo en las páginas del semanario “Triunfo”. Las referencias a los atentados de Bultó y Viola y sus justificaciones resultan repugnantes. Me han parecido especialmente atinadas las reflexiones sobre la lengua cuando dice "En una lengua están todas las lenguas y su proliferación no merece más respeto que la de una célula cancerosa" (página 130). El considerar la proliferación de las lenguas como metástasis me parece ingenioso. Sigue diciendo en la misma línea: "los daños de la metástasis lingüística son inconmensurables y nunca el Antiguo Testamento fue más veraz y preciso que cuando le atribuyó su carácter de maldición y castigo: «En ese entonces se hablaba un solo idioma en toda la tierra. [...] Pero el Señor bajó para observar la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo y se dijo: "Todos forman un solo pueblo y hablan un solo idioma; esto es solo el comienzo de sus obras, y todo lo que se propongan lo podrán lograr. Será mejor que bajemos a confundir su idioma, para que ya no se entiendan entre ellos mismos"». Las lenguas no solo son prueba de la fragmentación tribal de la especie, sino una importante condición para que el tribalismo sobreviva". Esta reflexión hecha en una Cataluña en la que los separatistas utilizan la que llama "lengua propia" como arma política no puede ser más oportuna. Es muy agudo el análisis que hace al final del libro (penúltimo capítulo) de cómo el diario El País contaba dos atentados de ETA asumiendo el lenguaje de la banda terrorista y el marco mental de los asesinos y justificando “sutilmente” esas “ejecuciones": una por no pagar el impuesto revolucionario y supuestamente delatar al extorsionador y otra por ser presuntamente de ideología ultraderechista. Ese periodismo lo enmarca en el momento histórico de la transición (año 1977) y acaba con la siguiente reflexión: “El periodismo es, exactamente, el instrumento moderno que permite demostrar por qué cualquier tiempo pasado fue peor”. Las referencias a su infancia humilde (hijo de un portero de edificio burgués) y su relación con su juvenil militancia comunista se reiteran con cierta frecuencia. No estamos ante una narración lineal. Las reflexiones y ocurrencias se suceden sin criterio claro. El texto es desordenado y podría leerse salteándose los capítulos (que por cierto no se llaman así ni van numerados). Desconcierta con frecuencia, no se sabe qué estamos leyendo. A veces juega al ensayo más o menos sesudo mezclado con lo memorialístico. Insiste mucho en la imposibilidad del libre albedrío. Ese determinismo que excluye la responsabilidad individual no puedo compartirlo. Mantiene el interés, aunque a veces te sientas perdido. Si no se comparten las referencias políticas y no se conoce el ambiente que retrata puede resultar farragoso.