Creo que me acabo de leer TODO lo que NADIE lee de Oscar, lo cual me convierte oficialmente en su pana. ¿Soy yo una pedante intelectualista de la filosofía del arte y la estética? No, yo solo me quería leer un artículo (El espíritu del Hombre bajo el Socialismo) y acabé leyendo quinientas páginas de conceptos estéticos y referencias a muchos autores cuya nota a pie de página era “ver p. ### arriba”. Lado malo: no era mi plan. Mi plan era leer algo cortito. Lado bueno: ahora el Oscar y yo somos panas.
Digamos que he aprendido qué es la estética. Quizá no coincida con mi amigo W en la importancia de esta, o en la superioridad del crítico sobre todas las cosas, incluida la obra que critica, pero tengo que admitir que, en lo que se refiere a la opinión de W en estos temas, la tengo muy clara. Creo que podría redactar sendos artículos de opinión sobre qué diría W de cualquier cosa sin siquiera tener una opinión formada yo, ese es el nivel.
Es que el amigo tiene muchos argumentos.
Obviando la primera parte, reseñas de obras que no he leído, el resto del libro ha sido cuanto menos interesante,
(Si te interesa la estética, o si eres capaz de sacar interés de bajo las piedras, como yo)
Y he disfrutado mucho con la pluma del amigo. Oscar tiene una habilidad de esgrimir argumentos que parece que esgrime espadas, y muchas pullas o comentarios que suelta me hacían gracia aunque fuera solo por el nivel de sarcasmo o ironía que conseguía elaborar (me he reído hasta en los comentarios que necesitaban una nota aclaratoria porque el chiste era una referencia a un comentario en griego antiguo basado en la opinión de un todólogo francés olvidado por la historia pero relevante en su época SOY ESE TIPO DE PERSONA). Me gusta sobretodo cómo Oscar tiene que hacerse sus propios diálogos para elaborar sobre temas de calibre extremadamente intelectual (guiño a los filósofos griegos, si algo le gusta al amigo son los franceses y los griegos) para luego metértela del revés con algún punto pelota del palo “y los que opinen lo contrario son idiotas.” Pero con estilo. Jojojo, el regocijo de leer eso. Me daban ganas de servirme una copita de vino.
(Creo que estos libros solo se podrían leer con una copita de vino, pero no bebo vino, así que yo los leo Lúcida).
En fin, podría divagar largo y tendido pero como es harto improbable que nadie lea esta reseña, creo que con esto ya queda todo dicho.
Es broma. Falta por decir. Hablemos de estética. Es increíble la poca importancia que le he dado en mi vida a la estética y al arte de la contemplación, teniendo en cuenta que soy artista. Pues bien, aquí Oscar me ha hecho entender la importancia del arte en la vida, la originalidad y la creación (y la crítica a la creación), desde ángulos tan diferentes que seguramente no los encontraría en ningún sitio (o quizá sí, ya ha quedado claro que yo no sé nada de estética). La estética como algo estático, la estética como razón para el socialismo, la estética como ciencia en acción… Hablo en serio, este libro es un filón para meterse en este mundo. Wilde puede resultar extremadamente pedante, y un poco clasista, y cualquiera diría que no salía de la biblioteca, pero para introducirte a temas y bajar al pozo de la elucubración y el filosofismo, no encontraréis a nadie mejor. Cubo tras cubo de profundidad sobre la estética y el arte y Shakespeare hasta agotar todo el agua del pozo. Igual que en el Retrato de W.H., Oscar se dedica precisamente a eso: escoge la tumba, empieza a cavar, llega al ataúd, lo aparta de una patada, y sigue cavando. Hay más abajo, hay más por ver. Te lo va a enseñar. Madre mía, he visto las siete caras de un cubo, y solo tiene seis. ¿Y cómo salgo ahora de este agujero, Oscar? ¿Oscar? ¿Oscaaaar?
Y así en todos los ensayos. Maravilla.
Por supuesto, recomendadísimo.