Lindo libro de Martín Kohan. Sigo leyendo su no ficción (no sé el motivo especifico), sin entrar en su narrativa que tanto promete: debe ser el cuarto libro que leo de él.
El subtítulo, con su "requiem", no deja lugar a dudas: el teléfono como tal ya no existe. El autor describe muy bien esa función original de conversar de manera sincrónica a la actual del teléfono móvil que lejos está de ser singular y que, paradójicamente, no suele incluir a la función de origen (por lo menos no de modo sincrónico: entonces difícilmente la podamos denominar como conversación).
El libro está compuesto por micro ensayos/reflexiones/artículos que dan cuenta de la historia del teléfono, su influencia en la cultura popular, en las relaciones humanas, en la lengua, en los distintos lenguajes artísticos, en la historia argentina, etc.
Rescato dos citas que me interesaron especialmente:
"...se daba así (lo ha señalado Pedro Mairal) un tipo de conversación particular, hoy ya casi desaparecida: la conversación que manteníamos con la persona que atendía el teléfono en la casa, aunque no fuera la persona a la que llamábamos; la conversación que manteníamos con la persona que llamaba a nuestra casa, aunque no nos estaba llamando a nosotros, porque habíamos atendido. A veces, el traspaso podía ser expeditivo, casi como de secretaria o telefonista; pero otras veces, y acaso la mayoría, por cortesía o por interés, transcurría una conversación más breve, preludio de la que motivaba el llamado: charla del hermano con una amiga de la hermana, charla de una madre con el novio de su hija, charla de esposa con el amigo del marido, etc. Era otro grado de confianza y formalidad, otra manera de conocerse sin conocerse (más tarde, en el cara a cara, se contaba con un texto previo). Esa transición, esa conversación intermedia, habilitaba una sociabilidad cuya pérdida acaso quepa lamentar (tanto que a veces se llamaba a A con la esperanza de que atendiera B; esperanza defraudada si atendía C, pero también si atendía A)."
"Pese a la separación y pese a la ausencia, puede llevar a su máxima pureza el lazo intersubjetivo. Y aun hacer que el cuerpo ausente, por ausente, resulte todo un cuerpo en la voz. Dice Barthes en este sentido: “El instrumento arquetípico de la escucha moderna, el teléfono, reúne a los dos interlocutores en una intersubjetividad ideal (a veces intolerable, de tan pura que es), ya que es un instrumento que anula todos los sentidos, excepto el oído: la orden de ponerse a la escucha que inaugura toda comunicación telefónica invita al otro a introducir todo su cuerpo en la voz y anuncia que uno se ha metido ya por completo en su oreja”."