Divide Aristóteles¹ el teatro dependiendo desde dónde el autor contempla a sus personajes. Así, la comedia es un tipo de trama donde el autor, el público, está aquí arriba y los personajes allá abajo. Poncela no solo ve a sus personajes por encima del hombro, los ve por encima del propio hombre, de la humanidad entera. Sus personajes no son más que marionetas a su antojo, que entran y salen de su juego a voluntad. Porque Poncela entiende la novela, el espacio de la novela, como un lugar donde todo es absolutamente posible. No tiene miedo a la hoja en blanco, la hoja en blanco le debería tener miedo a él. En cada párrafo de Poncela hay un nuevo hallazgo de lenguaje: uniones de conceptos imposibles, juegos de palabras de muy baja estofa, desprecios revelados. Esto último quizá sea lo fundamental. Tanto aquí como en Espérame en Siberia vida mía y Amor se escribe sin hache, podría parecernos unas tramas de una misoginia imperdonable. Bueno, es que lo son. Pero la misoginia de Poncela es, por una parte, tan solo una escala más en la jerarquía de sus fobias y odios, y, por otra, un espejo de varios aumentos de la misoginia rampante de (su) época. Poncela no soporta a ninguno de sus personajes, ni de sus tramas, y no siente la menor simpatía, pena o patetismo por ellos. Tan solo desprecio. Pero, como señala aquella viñeta sobre el capitalismo, es consciente de vivir en una sociedad de la cual no tiene escapatoria. Así que se revuelve contra ella y les planta en las narices toda su hipocresía, toda su falsedad y todas esas filias y fobias que él mismo posee por osmosis y fotosíntesis. Pero, ¡oh!, cómo me río. ¡Reírse con un libro!, ¿lo habéis probado? Poncela desarrolla una trama de screwball y una erudición (que también desprecia) a su servicio para colarnos en un un, dos, tres, una trama que podría parecer esperanzadora y reflexiva, pero que mal rayo le parta si acaba así. Porque podría. Por unos breves instantes tenemos fogonazos del autor que sería Poncela si fuera menos cínico, menos ácido, menos, bueno, menos señor y más amable, más reposado, más empático. Lo siento, colega, pero tu prosa llega a ser muy bella, tu tempo es magistral y tu desarrollo de personajes, con sus diálogos ágiles, es comedida, pese al absurdismo rampante. A Poncela no lo debería leer nadie en 2020 porque no nos va a descubrir nada que no sepamos ni va a enseñarnos nada, pero ya me sacrifico yo por vosotros para deciros de qué va el tema.²
¹Ugh, va a ser una de esas reseñas, bueno, veamos cómo continua.
²Bueno, al final no estaba tan mal, ¿no? Tampoco entiendo qué ha querido decir, pero, oye, si quieres información leete un periódico.