Libro que pretende ser el epílogo del universo santamariano; con una narrativa sobria y decididamente melancólica (por no decir tristona y desalentadora en grado sumo), sus personajes deambulan en un paisaje pesadillesco que no se guarda nada, al punto del horror más descarnado y la ambigüedad moral más decadente. Estamos ante una obra de cierre, que de momentos gusta, y en otros tantos rastra nuestras expectativas ideales más anhelantes. Ya que el libro de Onetti quiere ser todo, menos deshonesto, quiere mostrar la crueldad de la vida, pero sin ofrecernos un desenlace soñado o fantástico; quiere desenmascarar la sociedad (real, con sus vicios y maldades), pero por medio de una fantasía (Santa Maria y sus habitantes, verdaderos parias sin esperanzas, ni virtudes).
En este escenario, que se asemeja más a un purgatorio, que a una historia per sé, Onetti nos presenta a Carr (en mi opinión muy personal, es un altérelo del mismo escritor uruguayo), el cuál, siendo extranjero en tierras santamarianas, pretende crear una suerte de crónica, mitad diario personal, mitad ocurrencia historiográfica; en dónde nos va presentando una serie de personajes de los más extraños, para ofrecernos una narrativa algo trepidante en intensidades expresivas (no en cuanto a situaciones o acontecimientos); en dónde, nuestro anti(héroe), Carr, se ve involucrado en circunstancias que sin ser del todo propias, termina asimilándolas y sufriéndolas.
Ahora bien, en este maelstrom, en dónde fantasía se entre mezcla con la realidad, Onetti nos guiña el ojo, principalmente a aquellos lectores que hemos seguido el desarrollo de Santa Maria, como ese pueblo mítico, en dónde solo existen almas extraviadas o deportadas por la vida (asemejándose en algo, figurativamente hablando, al extravío de Dante en la Divina Comedia), invocando al Doctor Díaz Grey y otros muchos personajes... además, ofrece algunas luces invaluables sobre el seguimiento y fin de algunos de éstos últimos.
Por otra parte, creo que este es el libro más moderno de Onetti; con una narrativa cuidada y algo más contemporánea, en dónde la floritura característica del uruguayo sede ante una prosa algo más directa y menos sobrecargada; en dónde, los adjetivos son siempre significantes y específicos (algo menos artísticos en este sentido); en dónde el mismo lector reconoce y, se puede reconocer dentro del escrito por medio de esporádicas reflexiones sobre la condición humanas, que casi rayan en una metafísica del hombre ordinario.
En lo personal, creo este libro (Novella, en cuanto a dimensiones) muy bien pudiera considerarse el testamento literario de Juan Carlos Onetti; no porque no hayan otro mejores escritos que este, sino por la honestidad y la intensidad que alcanza en sus páginas. Aunque reconozco que no es para todo el mundo, ya que sus temáticas, situaciones y contextos pueden parecer de lo más bizarros y extraños, para alguno lectores (en verdad son las mismas obsesiones y demonios que se encuentran y repiten, con diferencia solo de grado, en todos sus libros), lo considero casi imprescindible para los amantes de la literatura onettiana; y, en menor medida (por todo lo anterior y, un claro tinte nostálgico y dubitativo en clave pesimista y algo existencialista), para los lectores que se interesen en empezar a leer al escritor uruguayo.