En las últimas vacaciones, visitamos el cementerio literario de Polop, porque claro, existiendo un lugar que comparte esas dos aficiones, cómo pasarlo por alto? Gabriel Miró, tenía algo que ver y los pasajes que se podían leer en lugares señalados me llamaron mucho la atención. Los pasajes formaban parte de éste libro. Al día siguiente, encontré el libro de segunda mano en una tienda en Benidorm. Y así es cómo llegó a mis manos éste clásico.
Cuando lo abrí por primera vez, pensé que había sido una cagada hacerme con él. Editado en 1928 y con la singular prosa de Miró llegué a la conclusión de que se convertiría en un bonito recuerdo de nuestro viaje a tierras levantinas, el imán convertido en libro.
Pero, una vez que empiezas a leerlo, te atrapa. La visión y la descripción que hace el autor de esos lugares que tú has visitado 100 años después, es pura poesía. Su conciencia medioambiental me ha sorprendido mucho.
El relato (porque el libro consta de varios relatos relacionados entre sí) ambientado en el ahora cementerio literario, me devolvió a aquel día en que lo visité y es que, buscando información, la recuperación tras el abandono se hizo según la descripción que Miró hizo de él en este libro.
No es un libro fácil de leer. Hay que tomarse su tiempo para saborearlo y entenderlo, porque no es una prosa sencilla, pero merece mucho la pena.