“No man for any considerable period can wear one face to himself, and another to the multitude, without finally getting bewildered as to which may be the true.” — Nathaniel Hawthorne
Transcribiré mi flujo de pensamiento tal cual lo hace Freud y al parecer todos los psicoanalistas en existencia. Los odio.
Sobre el pasado del que te tratas de deshacer sin ser antes visto y vuelve en la forma del doble, encarnado (en la superstición) en la sombra o el reflejo en el espejo, que cobra vida independiente. Dentro de la fantasía, los gnomos (pequeños hombres, o sea, homunculos o tulpas), fantasmas en forma de sombras, demonios, espíritus, vampiros, brujos, entre otras visiones de figuras, son proyecciones de esta misma energía psíquica. Son almas (imágenes) perdidas que deambulan sin cuerpo, puesto que nadie se los brinda y, al morir, el cuerpo cede ante Dios, las almas se trasladan a las sombras de la memoria. Se hace notar que el alma encarnada en estos personajes nunca proyecta sombra (reflejo), puesto que el alma es la sombra del sujeto. Quien no tiene sombra, muere, está muerto, es la misma sombra.
“I once placed a good-looking native suddenly before a mirror. He stood delighted. ‘Now’ said he, ‘I can see into the world of spirits’.”
La sombra, imagen, eco, nombre, retrato, reflejo, es el velo de nuestra realidad personal, lo inconsciente consciente, lo que captamos sensorialmente sin darnos cuenta, y esta realidad (limitadamente humana), viéndola como matrix o la lattice, nuestro microcosmos, oculta otra realidad impersonal, es otro velo a otra realidad, una un poco más allá, que es el macrocosmos, la sombra de Dios, su mera espalda. ¿Y Dios, el todo, el Uno sin doble? Ni siquiera intentaré pensarlo… Es el inconsciente inconsciente, mera abstracción de la idea del alma. La sombra (ahora en términos Jungianos de lo desconocido) humana puede contener pulsiones desde el Ello o, también, elementos morales e ideales que adoptan una función cercana al Superyó. Quien crea repentinamente un alter ego, una nueva imagen, deja en el olvido (en su sombra) a su antiguo Yo, lleno de sus necesidades (ser visto y reconocido) y, tanto más sea reprimido mayor presión ejercerá por salir a la luz. Es un motivo primitivo vuelto arquetípico, y se muestra aquí como se le retrata tanto en la mitología (Narciso) y literatura (Dorian Gray, Frankenstein, El Doble de Dostoyevsky, Aschenbach incluso) como en las creencias tradicionales de tribus folclóricas (se refiere a ellas también como “primitivas” pero esto conforma un lenguaje colonial, eurocéntrico y prejuicioso de forma racial. Un error de Jung también). Cuando la sombra es rechazada se presenta y considera como diablo, es decir, como un impulso violento, una visión siniestra de lo familiar y desconocido que alejamos. Pero cuando se le integra sanamente y se le mantiene en balance, esta aparece como angel de la guarda del sujeto. Este diablo, que no es más que nosotros mismos, nuestro ángel caído, por eso puede combinar nuestra verdad con la mentira, o más bien la verdad con la verdad exagerada hasta la mentira, como se ve en la aparición del caballero negro a Iván en Los Hermanos Karamazov:
“!Nunca te he considerado como un ser real! Eres un fantasma, una visión de mi mente enferma, pero no se como deshacerme de ti. Ya veo que tendré que soportarte algún tiempo. Eres una alucinación, la encarnación de una parte de mi ser; la parte más vil de mis pensamientos y mis sentimientos. Todo… lo que viví hace tiempo, sobre lo que hace mucho cambie de opinión… todo me lo traes como si fueran novedades. Tú no eres más que yo mismo, solo que con otra facha, te limitas solo a decir lo que yo pienso…”
Un personaje dentro de una de estas historias mencionados es atacado por una “legión de yos”. ¿Dónde he oído algo similar? Las legiones de Satan, sus demonios, como una multitud de reflejos del Yo original, atacándolo con las infinitas posibilidades que tiene su identidad. Entonces, nuestro doble, la sombra que es el reflejo y encarnación material del alma, puede estar poseído por la pulsión autodestructiva o ser una intuición protectora que canaliza el deseo auténtico de la voz interna. La sombra es el vampiro que te deja exangüe o San Miguel que te da fuerza de voluntad. Poca sombra puede significar una pérdida de la consistencia del yo, perdiendo su eficacia contra la pesadumbre existencial. Por el contrario, mucha sombra puede representar el olvido hasta la muerte del Yo (alma interna), convirtiéndose en algo que termina devorando lo que debía representar; es una gran imagen (persona) para ocultar un vacío abismal. Recordando Muerte en Venecia: “pues quien está fuera de sí nada aborrece tanto como volver a sí mismo.”
“Es el fantasma de nuestro propio Yo el que con su íntima afinidad y profunda influencia sobre nuestra alma nos une en el infierno o nos lleva al cielo.” — E.T.A. Hoffmann
Por un lado el orden apolíneo por el otro el caos dionisíaco. La ciudad oscurecida— el sol eclipsado por la luna es tu ceguera. Vender el alma es cuando esta, tu sombra e imagen, ya no concuerda con tu esencia, regalándola a la multitud, para aumentar tus riquezas (validación de todo tipo). Lo que nació desde la intención apolínea de la unidad desde el dos, se torna dionisíaco cuando el doble cobra autonomía y amenaza al primero. A eso siempre un balance, siempre ser al mediar entre hacer y no hacer. Ahora, lo difícil es el hecho de que cada quien tiene su propio balance, lo cual negaría la religión institucionalizada alineada al capitalismo neoliberal que impone globalmente su “verdad” y estilo de vida, pero ese ya es otro tema. El sueño es el reino del doble, el inconsciente; la vida es un sueño y los sueños cobran vida. No hay sueño para quien no proyecta sombra, y quien no sueña no vive porque el sueño es el medio predilecto del deseo. Como diría Pessoa, todos tenemos dos vidas: la vivida y la pensada; la falsa, práctica y social, y la verdadera, la onírica y arraigada en la infancia.
“Lo más curioso en ella es ver cómo se transforma,
no como los niños buenos, conforme a la norma,
y a veces crece tanto que parece vaya a explotar,
y a veces es tan pequeña que nadie la puede encontrar.”— Der Schatten de Richard Dehmel.
Mirarse al espejo, ver el reflejo, al doble, introduce también a una tercera persona: el que mira al Yo mirando su imagen. Pero podríamos seguir doblando la experiencia y obtener una cantidad infinita de Yos. El doble puede referirse a la idea doblada: funcionar como la segunda idea sobre la primigenia y derivada de esta, que la somete en su reflexión; puede funcionar como el Superyó. Y se le teme por fúnebre puesto que su llegada anuncia la muerte, es decir, la muerte del ego. “La auto-observación narcisista del elemento primigenio es la génesis del universo material.” El fruto prohibido es la gnosis interna. El humano es narcisista por naturaleza, pues también podríamos metafóricamente llamarle narcisista a la propia naturaleza (en necesidad de etiquetarla), priorizando su supervivencia por encima de toda consideración moral. Pero el narcisismo alzado y exagerado hasta lo patológico es, considero, una rigidez de identidad incompatible con el transcurso y cambio natural de la vida, pues el sujeto se obsesiona con su imagen (reflejo) inmóvil y siempre joven (ideal), mientras su alma se pudre en el fondo. Todo el exterior es un reflejo de lo interno, como enseñaría el Hermetismo. El espejo es agua inmóvil, estancada, contraria a su propósito natural que es fluir hasta donde sea su destino.
“Si miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.” — Nietzsche
El narcisismo primitivo, o sea, instintivo hacia la supervivencia ahora da lugar al narcisismo moderno (que para mí es el mismo primitivo), en donde el hombre busca un ideal trascendental por el cual morir (solo por creer que no muere del todo, sino sigue viviendo en la idea inmortal). Es el caso de Mishima y su seppuku en busca de la inmortalidad simbólica (símbolo, idea). La religión (como la política extremista) es un medio moderno del narcisismo humano primitivo hacia la supervivencia. Antes nos creíamos inmortales porque nos creíamos parte de la naturaleza, la imagen. Ahora lo hacemos por creer seguir siendo parte de la idea, del Uno, lo platónico. Antes no estábamos vivos, éramos la vida, ahora estamos separados de ella, somos la vida (inteligencia) artificial de Dios.
“Así pues, la noción del alma tuvo un origen muy material que, más tarde, al aumentar la experiencia real del ser humano, el cual rechaza la idea de la muerte como destrucción definitiva, tuvo al menos que transformarse en un concepto inmaterial.”
Entonces, repasando y más que nada yendo más allá de la teoría de Rank, el alma es la sombra filtrada a través de la consciencia. La sombra o el reflejo, es el alma encarnada. “La sombra que proyecta el hombre en vida se reúne con su ánima (alma) en el momento de la muerte, convirtiéndose en kungu (espíritu).” Esa alma personal se dispersa y une al alma colectiva, la fuente original, que es la sombra del mundo, o la sombra de la espalda de Dios. El alma es tan solo una instancia de la sombra, ahora consciente de sí misma, de la sombra que ha estado tiempo atrás. El alma es inmortal en la sombra a la que vuelve al morir el cuerpo, una especie de inconsciente colectivo. En la superstición, la creencia es que, al morir alguien, el alma del muerto está dentro del espejo, atrapada, pero el espejo tan solo devuelve nuestro reflejo: el alma, la imagen, la idea del muerto vive dentro de ti. Cuando es de noche, se advierte contra verse al espejo, puesto que nuestro reflejo podría desaparecer en la oscuridad, nuestra sombra integrada a la sombra del todo, y quien no tiene sombra muere (muerte del ego). Existe la leyenda urbana de tener al menos 7 gemelos alrededor del mundo, algo que, si forzamos un poco la relación, me recuerda a los siete arcángeles y sus respectivas sombras (demonios, su forma negativa). También se dice que le esperan siete años de mala suerte a quien se ve en un espejo roto. Yo lo pensaría como siete años como los siete días de creación del mundo, de una nueva personalidad, al notar rota la actual.
“A paranoid is a guy who knows a little of what is going on. A psychotic is a guy who has just found out what is going on.” — William Burroughs.
Se menciona también la conexión entre la paranoia y su “predisposición al narcisismo” y la homosexualidad. Lo que me recuerda a Clavicular, tal cual encarnando a Dorian Gray. El diablillo que te persigue e impulsa a agrandar tus defensas (una imagen hipersegura, asociada socialmente a lo masculino) contra este puede ser una vulnerabilidad inhibida, miedo, dependencia, pasividad, necesidad externa, entre otras cosas asociadas socialmente a lo femenino. El clóset no es solo sobre la sexualidad, también existe el clóset de la personalidad. Así, la libertad del otro puede representar la propia que uno toma como amenaza y rechaza con violencia; se es perseguido por la proyección de la propia posibilidad intolerable.
El amor narcisista (ideal) obstaculiza al amor sexual (sensorial). Cuando se trata de una fuerte manifestación de narcisismo, la capacidad de amarse y por ende amar de verdad al otro queda obstruida por el enamoramiento (simple arrobamiento) de su propia persona. No hay quien ame al otro, solo una vacuidad latente, convirtiendo la situación en una casa de espejos. Filtra su temor por su doble como amor hacia la imagen propia. No hace el amor, sino solo se masturba con otro cuerpo. Ante la idea de la muerte que conlleva el vacío del que sufre, es decir, el peso de la existencia, el narcisista concibe otro tipo de vida que compensa la realización existencial. Expresarse es salir de sí mismo, ver a distancia lo concebido y contenerlo en ritual, dando la sensación de seguridad; el hombre concibe la vida en idea en su impotencia de no poder concebir vida física. Se escapa a la muerte al seguir viviendo en la idea, o en otro ser vivo. La idea de sí nace de la autoconsciencia, la autocontemplación narcisista, y deriva el arte que creamos, la fantasía que alberga nuestro deseo. Si pudiéramos expresarnos en la vida, no habría necesidad de hacerlo en el arte. El arte es proyección, fantasía de otra vida, demostración del anhelo por la verdad. La doble vida es “a la vez la fuerza y la miseria del poeta” (Maupassant).
“El amor por uno mismo es siempre principio de una vida novelesca. . . porque solamente cuando el yo constituye un problema, tiene sentido escribir.” — Thomas Mann
Casi siempre está persecución acaba en una disputa de vida o muerte entre el sujeto y su doble y, al morir uno, mueren ambos. Solo una opción restante: el suicidio. Todo esto se hace ver en Fight Club: la represión de la depresión masculina, su impotencia ante la existencia, que da origen a la hipermasculinidad homoerótica de su doble que deriva el culto extremista resultante compuesto de muchos dobles de otros más, después la autonomía de este doble idealizado y su persecución, el intento de asesinato que es en realidad autolesión y el intento de suicidio final.
“El frecuente asesinato del Doble, por medio del cual el protagonista intenta protegerse de las persecuciones de su propio ego, es en realidad un suicidio bajo la forma indolora de la muerte de otro yo, una ilusión inconsciente de estar separándose de un yo malvado al que hay que castigar, lo cual por cierto, parece ser la condición previa de cualquier suicidio.”
“El amor es una de las pasiones que destruyen nuestro ego.”
“¿Y si arrojara mi espada? ¿Y si lo abrazara?”