El escritor Roger L. Simon logró algo bastante improbable cuando creó al detective Moses Wine en la novela La gran maquinación: un exponente inmediato y legendario del género negro. Tanto el personaje -un ex hippie fumón devenido en ácido investigador privado- cómo la novela -una tramoya perfecta de conspiración política y asesinato- pusieron de inmediato a Simon en la cresta de la ola, cresta que no logró sostener -o volver, ya puestos- en ninguna de las novelas subsiguientes con el personaje (ocho hasta la fecha y la última data de 2003). Yo sólo leí el mentado inicio, Pato de Pekín (bastante floja, anda por alguna carpeta su reseña) y esta que nos ocupa hoy -otra relectura casual de mi biblioteca- que, si bien no llega al nivel del arranque, es una muy entretenida aventura que saca del sitial ya establecido al personaje y lo pone a jugar con todos los condimentos de ser un “sapo de otro pozo”. El pozo en cuestión es el creciente mundo de Silicon Valley y sus empresas tecnológicas que crecen cual monstruos y el sapo es, obviamente, Moses Wine quien sin saber siquiera hacer funcionar una computadora será contratado cómo encargado de seguridad de uno de estos megaimperios. Pronto hay un ingeniero desaparecido y una trama de espionaje tecnológico internacional -con rusos y japoneses, a la mejor usanza Guerra Fría que era contemporánea a la publicación de este relato- que nunca aburre y, aunque ciertas cosas (toda la monserga de supuesta avanzada que hoy por hoy ha envejecido terriblemente, cómo ser el robot que aparece cual R2D2 en varios momentos) no funcionan tan acertadamente cómo uno quisiera, el resultado es por demás satisfactorio, especialmente porque la prosa de Simon es aceitada, los sucesos ocurren de manera imprevisible y entretiene a cada giro de volante o timonazo que impulsa por aquí y por allá la trama.