Que carajos, QUE CARAJOS.
El libro es cómo el sexo es más que carne con carne, piel con piel, es un juego, un juego de deseo, un juego psicológico que va más allá de nuestro envase; es que representas vos para mí, que represento yo para vos, que significa tu beso, y la métrica de las palabras, que tan fuerte entonas, la posición en la que nos encontramos. Es una mezcla de sexo y literatura, es precioso, porque también el juego de poder en el que los tres se encuentran —guiño a Tashi de Challengers— a merced de Elia, ella es la que da las cartas, la que mezcla, la que enseña el juego. Los mommy issues acá son MUY prevalentes, claramente Clara y Ricardo tienen algo con las madres.
Así como Virginia Woolf recorría la psicología del personaje a lo largo de la vida —como en Orlando o en Las Olas— Esther lo hace con la fugacidad de las relaciones amorosas y carnales, entiende perfectamente el deseo y la psicología detrás.
Ese finallllll, ese final fue un montón, medio que se venía venir que Ricardo era tremendo imbécil, que forro.