Novela de formación que percude el alma de la sinrazón de este mundo. Cuesta ver lo vulnerables que resultamos cuando somos jóvenes: el cuerpo, inquieto, se estremece al más mínimo roce; el alma, sonámbula y desenfrenada, deambula en procura de alguna satisfacción...del más mínimo sentido. En este caso, Tedd, el protagonista, procurará no sucumbir ante las responsabilidades y presiones que conlleva el saber que se ha cometido un error demasiado grave demasiado pronto. Sus días como niño terminan el día en que comete un error. Porque ser adulto implica reconocer que los errores no trascienden la propia piel, sino que la penetran para anidar en ella. Las cicatrices del mundo quedan incrustadas en la superficie del adulto. Ya no se es fantasma, mero vector de experiencias, sino un ser corpóreo, capaz de gracias y obligaciones.
Tedd sabe que la muerte es un escenario habitual de la experiencia humana; ahora bien, cuesta verla de cerca cuando se es tan sólo un niño. El problema es que, justamente, este suceso irrumpe demasiado pronto. Su vida, apacible y frenética por partes iguales, ahora se ve sujeta a la violencia: al hecho de transitar entre cuerpos que luchan por cualquier cosa, que ansían la pelea para justificar su estadía por este mundo. Y los puños, en estos casos, se traducen en política; o al menos en un discurso de comunidad que justifica un "nosotros" que excluye al que no es igual. Todo sea por garantizar el primer golpe, por defender el territorio y justificar la propia precariedad sin verla teñida de rojo ante el espejo.
"Juventud americana" deja ver esto: el escenario en que una persona procura encontrarse en medio de un mundo que lo reclama, que ya lo juzga descarnadamente sin que medie una factible redención. Es allí donde Lamarche deja ver que la juventud reconoce bien la miseria de la vida adulta: su odio, el desprecio por el que yace a un lado de la calle, la búsqueda de una eternidad que recuerde al cuerpo que un día transitó por cualquier calle; así dicho cuerpo no sea más que otro pedazo de carne dispuesto para la fábrica. Las ideas, ante la miseria del mundo, se convierten en pretextos para la violencia. Y la angustia tiñe la acera de rojo cuando un sonámbulo tan sólo espera encontrar sosiego sin despertar en medio de la noche. A veces un error hace que se envejezca demasiado pronto.