Perfiles de “personajes” chilenos, no necesariamente ridículos, pero en general tan irrelevantes como este lector (un cura con hijos, el ex dueño de un cabaret un policía que aparecía en la televisión, etc.), a los que el autor les encuentra algún encanto. El tono del cronista quiere ser ingenuo y cariñoso, aunque a ratos es algo así como involuntariamente ponzoñoso.
Las tres estrellas son para el perfil de Mario Osses Quiroz, candidato a la presidencia para la elección del ‘89, a senador en 1999, vicepresidente de alguna de las versiones del partido liberal de fines del S.XX, y convencido futuro presidente de Chile, apoyado por ex compañeros del Instituto Nacional; y para el de Carlos León Alvarado profesor de filosofía del derecho en la U de Valpo., novelista y cronista, que en alguna reunión de escritores, frente a la habitual solicitud de subsidios, becas, aguinaldos y montepíos que caracterizan al gremio, levantó una arenga defendiendo la idea de ejercer el oficio con las uñas propias. Un tipo querible.