Ernst Jünger was a decorated German soldier and author who became famous for his World War I memoir Storm of Steel. The son of a successful businessman and chemist, Jünger rebelled against an affluent upbringing and sought adventure in the Wandervogel, before running away to briefly serve in the French Foreign Legion, an illegal act. Because he escaped prosecution in Germany due to his father's efforts, Junger was able to enlist on the outbreak of war. A fearless leader who admired bravery above all else, he enthusiastically participated in actions in which his units were sometimes virtually annihilated. During an ill-fated German offensive in 1918 Junger's WW1 career ended with the last and most serious of his many woundings, and he was awarded the Pour le Mérite, a rare decoration for one of his rank.
Junger served in World War II as captain in the German Army. Assigned to an administrative position in Paris, he socialized with prominent artists of the day such as Picasso and Jean Cocteau. His early time in France is described in his diary Gärten und Straßen (1942, Gardens and Streets). He was also in charge of executing younger German soldiers who had deserted. In his book Un Allemand à Paris , the writer Gerhard Heller states that he had been interested in learning how a person reacts to death under such circumstances and had a morbid fascination for the subject.
Jünger appears on the fringes of the Stauffenberg bomb plot to assassinate Adolf Hitler (July 20, 1944). He was clearly an inspiration to anti-Nazi conservatives in the German Army, and while in Paris he was close to the old, mostly Prussian, officers who carried out the assassination attempt against Hitler. He was only peripherally involved in the events however, and in the aftermath suffered only dismissal from the army in the summer of 1944, rather than execution.
In the aftermath of WW2 he was treated with some suspicion as a closet Nazi. By the latter stages of the Cold War his unorthodox writings about the impact of materialism in modern society were widely seen as conservative rather than radical nationalist, and his philosophical works came to be highly regarded in mainstream German circles. Junger ended his extremely long life as a honoured establishment figure, although critics continued to charge him with the glorification of war as a transcending experience.
"Jardines y carreteras" / "Primer diario de París" / "Apuntes del Cáucaso"
Un testimonio que va más allá del mero testigo. Una sensibilidad conectada al Espíritu del Mundo y al Espíritu del Tiempo. Los diarios abundan en la recolección de sueños, impresiones sobre fauna, flora y arquitectura, comentarios sobre lecturas y encuentros sociales.
"Si cierro los ojos diviso a veces un paisaje oscuro donde hay piedras, acantilados y montañas al borde de la infinitud. En el fondo, junto a la orilla de un mar de color negro, me reconozco a mi mismo, una minúscula figurilla dibujada con tiza. Ese es mi puesto avanzado, muy cerca de la nada - allá abajo, junto al abismo, combato por mi.
Jünger es un caballero nacido para el s. XIX, la providencia hizo que le tocara vivir y luchar en dos guerras mundiales, pero siempre con la cabeza alta y fiel a sus ideales. Un tipo humano del que se producen in ínfimas cantidades.
Última entrada de Radiaciones I [Diarios de la Segunda Guerra Mundial] (1939 - 1943):
Kirchorst, 17 de febrero de 1943
Tras varias jornadas de tiempo borrascoso y lluvioso hoy brilla esplendorosamente el sol. Por la mañana corté perejil fresco entre las matas de uva espina; era un perejil verde, musgoso, y tenía una costra de rocío congelado.
Los Gouncourt escriben de Daumier que en su descripción del burgués alcanzó un grado de realidad que desemboca en lo fantástico. Es algo que puede observarse en todos aquellos sitios donde la realidad llega a su cúspide; las últimas pinceladas proporcionan entonces unas luces irreales.
Ayer conquistaron Járkov los rusos. Estamos aguardando a Fritzi Schultz, que con los niños ha huido de Aleksándrov, la ciudad donde venían residiendo desde hace más de cien años sus antepasados. Antes de irme pienso guardar todavía en lugar seguro una parte de mis manuscritos; a este respecto, además del peligro que representan los bombardeos y los incendios hay que tener en cuenta los saqueos y los registros domiciliarios. Cuando se piensa en lo muy difícil que resulta encontrar un escondite adecuado, causan asombro las cantidades de documentos antiguos que han llegado hasta nosotros a través de las mudanzas de los tiempos.
Finalmente he estado reflexionando sobre la atención de ciertos daros de mi vida, lo he hecho en relación con los apuntes que escribí sobre mi padre. No pocas cosas que allí hay las siento como tabú; aún no he clarificado las oscuridades y los pasajes turbios. Lo que para esa clarificación se necesita no es, como pensaba Rousseau, sinceridad. No hay que despreciar, desde luego, la confesión sincera, pero lo que de verdad importa es que el autor adquiera frente a su imagen efímera la fuerza que lo declare libre. Lo logrará en la medida en que sobrepase, bien como poeta o bien como pensador, su propia e individual apariencia.