La degradación de la civilización
José María Fonollosa expone una antología poética que se construye en totalidad mediante breves y complejas capturas de los pensamientos de distintos personajes que el autor encarna con un realismo impresionante y aterrorizante, tanto que es posible engañarse y tomar como literal las conclusiones que cada poema ofrece, cuando parecen ser ejercicios de conciencia.
Cada pieza ocurre en el entorno de la ciudad de New York, que es de donde podemos asumir que nacen estas brisas de tormenta contaminada, formando ideas que causan impacto sólo leerlas. Las calles titulan los bloques dispersos, la geografía especifica parece usarse como método para encerrar a los narradores, lo cuál no ocurre por la constancia de sus tópicos, nos parecemos.
Incluso ante la evidente tendencia que guarda la obra en predicar una y otra vez conducto nocivas por medio de sus locutores las convicciones tomadas en un calle son negadas por la siguiente, la coherencia no es necesaria cuando se lo que se intenta capturar es la indiferente brutalidad con la que los mares intrusivamente recorren nuestras cabezas vulnerables.
Es un catálogo de incomodidad psicológica, porque aterriza con clínico cinismo realidades en el actuar consiente y callado de las personas. Si bien los discursos predominantes abogan por el seguimiento de los reglamente, y las sociedades civilizadas se comportan como tal, lo que hay detrás de las apariencia es distante a ser perfecto, no está mal conocerse un poco más.
"Qué vacío descubre uno en sí mismo /Cuando uno mismo busca su yo interno/Qué ser desagradable se contempla/Cuando su propio ser uno examina".