Monet.
Desde hace tiempo tenía ganas de saber más de él. Y aún así siento que debo releer la parte de su vida, para poder entenderlo mejor. No le perdono que haya engañado a su esposa cuando estaba muriendo de tuberculosis, por eso lo nombro. Aprendí de sus obras, pero lo que más se me quedó, fue lo que le aprendí de la vida.
Yo no sabía porqué me gustaba tanto la pintura impresionista. Realmente no entendía. Siempre me preguntaba qué me evocaban esas pinceladas tan libres y los colores que a veces son tan ajenos a la vida diaria. No entendía, ni tampoco yo me explicaba. Hasta que leí que “They are -impressionists- in the sense that they don’t portray a landscape but the sensation evoked by the landscape” y otra frase que no he logrado encontrar, el impresionismo es eso. Una impresión. Buena, mala, chafa, aburrida, eso. Tú le pones el nombre, el sentimiento, la emoción. Una es la que crea el sentido de esa pintura. Porque sí, Monet sabe pintar como nadie el agua, y las sombras y el viento, pero una es la que llama a los recuerdos para que se plasmen en ese mismo lugar. El impresionismo me ha permitido darle mi propio sentido a la vida, a mi aire, a mi vista, a mi cielo, a lo que siento. A qué todo cambia, y una catedral siempre será una catedral a los ojos del mundo, pero no es la misma a las 6:16 am, que un domingo en la noche o un viernes de boda, no es lo mismo si llueve, ni tampoco si cae el atardecer. Es lo -mismo-, pero no. Jamás es lo mismo. Para nadie es lo mismo. Sería injusto decir que sí, y sería una mentira decir que no. El impresionismo a nos recuerda que todo es, pero ¿qué es? Tú decides. Yo decido.
Otra cosa que me encantó, es que me enseñó de qué color es su aire, es lila. Siempre digo que eso es la vida. Saber de qué color es el aire de verano, tu aire. Vivir tanto, ver tanto, respirar tanto que estés seguro que la vida no se escapa. Que camisa con ella. Estar presente, disfrutar, sentir, lo bueno y lo malo, para nombrarlo, para pintarlo. Me ha permitido hacerme preguntas más profundas, como esa ¿De qué color es mi aire? Mi alegría, mi mar, mi corazón, mi mente, el miedo. De qué color soy yo. Es permitirte observar tu propia vida. Vivirla. Estar presente. Respirar.
Después de este libro, me quedo con ganas de seguir aprendiendo de arte, de lo que me aporta y de Monet. Ojalá algún día pueda tener un Monet colgado en la pared de mi casa, por lo mientras uno fake jaja.
“At last I’ve discovered the color of the air” he wrote; “it’s violet, fresh air is violet”.
Qué ganancia saber tus colores.
Otra cosa es que menciona que Monet perdió la vista, pienso que pudo ser catarata o un glaucoma de ángulo abierto; pero desde siempre he pensado que no la perdió, porque sabemos perfectamente dónde encontrarla. Monet no perdió su vista, nos la regaló, la fue plasmando poco a poco en cada cuadro, en cada Lily, en en jardín de Giverny. Monet nos regaló su vista, para poder ver a través de ella, lo maravillosa que es la vida.