Acabo de terminarlo y me queda una sensación extraña y tengo el corazón arrugado, pero la mente encendida. Laura Restrepo no escribió una novela, escribió un mapa del dolor humano y sobre todo de la dignidad que sobrevive a las cenizas.
Lo que más me impactó es que, en medio de un contexto de desplazamiento forzado y miseria, la autora decide que el motor de la historia no sea la tragedia (que está ahí, latente), sino un amor obsesivo, místico y casi sagrado. La búsqueda de Siete por Tres por su Matilde Lina es una bofetada a nuestra indiferencia urbana. Él no busca un techo, busca el rastro de la única persona que lo hace sentir humano en un mundo que lo trata como una cifra de estadística.
Lo mejor de este corto libro es la prosa de Restrepo porque es lírica, pero importante aclarar que no adorna el horror, lo disecciona con una elegancia que duele. Pero lo que me dejó pensando es ¿Cuántas "Matilde Linas" andan por ahí siendo el único hilo que sostiene la vida de alguien que lo perdió todo? Este libro te quita la venda de los ojos.... tal vez seas tu una de ellas.
Esta no es una lectura cómoda, pero es una lectura obligatoria para entender que la identidad no está en la tierra que pisas, sino en la gente que amas y antes de empezar la lectura prepárate para llorar, pero de esa forma en la que terminas sintiéndote un poco más humano.
Básicamente la novela ocurre en "El Refugio", un centro de atención para desplazados por la violencia en Colombia. La narradora, una mujer urbana y escéptica que trabaja allí, queda fascinada por Siete por Tres, un hombre que no llega buscando comida o techo, sino a una mujer: Matilde Lina y cuyo conflicto central no es mas que el y Matilde Lina se conocieron siendo niños, ambos víctimas de una masacre. Crecieron juntos, amándose con una intensidad casi mística, hasta que la violencia los separó de nuevo. Él ha dedicado su vida a caminar el país buscándola, guiándose por rumores y rastros borrosos.
Y al final, la búsqueda de Siete por Tres es tanto una bendición como una maldición porque aunque nunca vemos un "reencuentro feliz" tradicional de novela rosa entendemos que Matilde Lina es más que una mujer pues viene a ser el símbolo de todo lo que la guerra le arrebató al pueblo, la raíz, el hogar y la paz. Siete por Tres decide seguir su camino, prefiriendo la esperanza del errante que la resignación del asentado. La narradora, por su parte, cambia su visión cínica del mundo tras ser testigo de esa fe inquebrantable.
Nos enseña que el ser humano puede sobrevivir a la pérdida de sus bienes, de su tierra y de su familia, pero no puede sobrevivir a la pérdida del sentido. Siete por Tres no busca a una mujer para "poseerla", la busca para recuperar su propia humanidad. La novela es un recordatorio de que, incluso en los contextos más áridos de guerra y miseria, la capacidad de amar es el último acto de resistencia política y espiritual que nos queda.