Este libro me resultó doloroso, pero no podía dejar de leerlo. Quién haya vivido este tipo de violencia, entenderá. No había pensado en la relación que la protagonista tiene con otras mujeres hasta que alguien lo mencionó en otra reseña. Creo que es así porque la autora quiso mostrar lo quebrada que estaba la relación con su madre. Con los hombres, en cambio, tiene una relación mejor, seguramente por su padre. No sé cómo explicarlo o si no lo termino de entender, pero me parece muy curioso cómo esto se yuxtapone en la fiesta de su amigo, pero no quiero decir mucho para no dar spoilers.
La madre me causa lástima y lamentablemente desquita sus frustraciones con su hija. No soy psicóloga, pero me huele a narcisista, además es alcohólica, por lo que debe ser codependiente en este contexto. Esa combinación me parece aterradora y la autora supo ir aumentando la tensión en estas circunstancias. Creo que lo que olvidaba Etel era una distracción, un deseo por arreglar su vida sin hacer realmente nada, creo que su actitud y cómo sus miedos y comportamientos giran en torno a los juicios de su madre confirman lo de la codependencia, pues ella me parece que es el suplemento de drama favorito de la madre. Eso, o es más bien un presentimiento, una premonición no definida.
No pude evitar pensar en un discurso de Rosario Castellanos que se llama "La abnegación, una virtud loca", en la que en resumen hablan acerca de cómo muchas madres mexicanas al no tener poder real en la sociedad machista, se decantan por ejercer un control yo diría que violento en sus hijos y en los asuntos domésticos. No sabemos las circunstancias de la madre y cómo se convirtió en una mujer tan cruel, pero encontré cierta relación con eso. Este libro me pareció perturbador a un nivel psicólogico y seguiré leyendo a Bibiana Camacho por esa maestría con que lo transmite. Recomendaría este libro a todos los fans de Donna Tartt, suframos juntos jaja