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312 pages, Paperback
First published February 9, 1994
Lo que mide el carácter democrático de una sociedad no es la forma de consenso o participación que alcanza; es la calidad de las diferencias que reconoce, que maneja, la intensidad y la profundidad del diálogo entre experiencias personales y culturas diferentes entre sí y que son otras tantas respuestas, todas particulares y limitadas a las mismas interrogantes generales [...D]esigné aquí al inmigrante como la figura emblemática de la sociedad [democrática] moderna. El inmigrante está a la vez integrado y es ajeno a la sociedad en que vive, y ésta debe reconocer su experiencia y su palabra, debe vivir su presencia no como una amenaza sino como el retorno de una parte de la experiencia humana de la que esta sociedad se había privado o había perdido.Si bien Sartori es convincente en la teoría del tema y confuso en sus aplicaciones prácticas, Touraine es confuso en su teoría pero fascinante en su abordaje de casos reales como los latinoamericanos o los de transición a la democracia de Europa del Este.
Si la democracia no es más que un sistema de garantías institucionales, ¿quién la defenderá cuando sea amenazada? Si la sociedad no se concible más que como un conjunto de marcados [incluyendo el mercado político] y procedimientos, ¿quién arriesgará su vida para defender las libertades políticas?… no hay democracia sin limitación de poder, y tampoco la hay sin búsqueda de la vida nuevaPara Touraine:
...la democracia es el régimen que reconoce a los individuos y a las colectividades como sujetosEste reconocimiento de “colectividades” es lo más difícil de captar de las ideas de Touraine y posiblemente la más valiosa. No se trata de que cada individuo sucumba, en nombre de la democracia, a vivir su vida entregado al hedonismo del consumismo, se trata más bien de
...acrecentar la parte de iniciativa de cada uno y la búsqueda de la felicidad, haciendo que cada actor social reconozca los derechos de los demás a formar proyectos y a conservar la memoria… Ya no se trata de abolir las diferencias sociales y culturales en una voluntad general sino, al contrario, de incrementar lo más posible la diversidad interna de una sociedad… reemplazar el monólogo de la razón, la historia o la nación por el diálogo de los individuos y las culturas.¿De dónde le viene a Touraine tanta preocupación por el papel del “actor social” y de la protección de las diferencias culturales?
En el momento mismo en que tantas voces se regocijan con el triunfo de la democracia y creen que el mundo entero ha adoptado un modelo político único, el de la democracia liberal, es preciso, al contrario, inquietarse por el debilitamiento y la pérdida de sentido de una idea democrática que ya no tiene fuerza y que no es capaz ya de accionar contra sus propios adversarios, como lo muestra la laxa abstención de los países occidentales frente a la violencia desencadenada en Bosnia por quienes practican la purificación étnica… Hemos creído demasiado en la política, ya no creemos lo suficiente. No es la democracia lo que triunfa hoy, sino la economía de mercado, que en parte es su contrario puesto que procura disminuir la intervención de las instituciones políticas, mientras que la política democrática apunta a incrementarla, para proteger a los débiles contra la dominación de los fuertes.Hoy en día las apreciaciones de Touraine parecen cobrar más fuerza a medida que vemos como crece la intolerancia, la polarización política y social, el colapso de servicios públicos, la creciente brecha entre una minoría muy pequeña de super-ricos y el resto de la sociedad, el abandono de espacios públicos y la trivialización de la discusión pública, el marketing político cada vez más centrado en juegos de manipulación y poder y cada vez más alejados de los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, el resentimiento y la decepción de quienes se sienten olvidados o ignorados.
En el pasado, la democracia luchó en principio por la libertad política, luego por la justicia social; ¿qué lucha libra hoy?y propone:
La democracia es el lugar del diálogo y la comunicación[…] La comunicación no es el mero reconocimiento del otro, de su cultura, de sus valores o de su experiencia estética… Lo que mide el carácter democrático de una sociedad no es la forma de consenso o participación que alcanza; es la calidad de las diferencias que reconoce, que maneja, la intensidad y la profundidad del diálogo entre experiencias personales y culturas diferentes entre sí y que son otras tantas respuestas, todas particulares y limitadas a las mismas interrogantes generales.Las críticas de Touraine apuntan a preguntas claves, muy vigentes y muy candentes, pero no a respuestas. ¿Qué acciones concretas pueden revertir, desde las propias sociedades democráticas, la creciente desilusión con regímenes democráticos que lucen cada día más inefectivos y desconectados? Es una inquietante y urgente pregunta que Alain Touraine deja en la mente y la conciencia del lector.