ENTRE CHISME Y RETÓRICA
Fuera de contexto, esto parece puro chisme, pero tomando en cuenta la rivalidad política que prevaleció entre Cicerón y Marco Antonio, estas filípicas constituyen un intento desesperado del primero por defender su amada República que estaba ya agonizando, aunque para ello tuvo que dirigir apasionados y mordaces ataques en forma de discurso al segundo. Al final, tanto la República como Cicerón iban a morir; Roma se convertiría en un Imperio, y el orador sería proscrito y ejecutado: "una vida que, de conservarla, me entregaría a todo tipo de angustias, y que, de perderla, me liberaría de todas las preocupaciones".
Es interesante que ante lo que sería la postura de Maquiavelo siglos más tarde, la de Cicerón es que "ser temido y merecer el odio es repugnante, despreciable, estúpido, pasajero". Para el orador romano, siempre la paz era lo deseable: "cualquier paz me parecía preferible a una guerra civil entre ciudadanos", "la paz es una libertad en calma, la esclavitud el más doloroso de todos los males y debe ser rechazado no sólo a costa de una guerra, sino de la propia vida".
Tal vez no he apreciado los suficiente la retórica con la cual Cicerón construyó sus discursos, dentro de todas las acusaciones de los actos deleznables cometidos por el cónsul y futuro triunviro: "Debo hablar brevemente en mi propia defensa, pero largamente contra de Marco Antonio". Finaliza la segunda filípica con lo siguiente: "Dos deseos únicamente expreso: el primero, que al morir abandone un pueblo romano libre; el segundo, que cada uno obtenga lo que merece de acuerdo con sus servicios a la República".