Los Evangelios dicen de Cristo que se entristece, que llora, ¡incluso que se enfurece y se indigna!, pero no llegan a decir nunca que sonría. Es como si hubiera asumido todas las expresiones humanas salvo la risa, lo cual ha hecho pensar prolijamente a los teólogos: ¿cómo es posible que Cristo, perfecto hombre, no haga algo tan específicamente humano como (son)reírse? ¿No es ya eso una broma? G.K. Chesterton terció en este debate afirmando que Dios había ocultado su alegría al hombre porque era algo demasiado grande para mostrárselo.
En Gracia de Cristo, Enrique García-Máiquez, que es chestertoniano para todo salvo para esto, contradice al maestro y sostiene, primero, que basta una lectura atenta de los Evangelios para imaginar las (son)risas de Jesús y, segundo, que Éste no sólo reía sino que fue, además, lógicamente, el perfecto humorista: no dejó ni uno de los géneros sin cultivar, ni siquiera los humores marrón y negro.
El autor glosa en este ensayo los momentos más luminosos, ¡los más desternillantes también!, de la vida de Cristo y nos muestra que los Evangelios pueden leerse como la mejor comedia jamás escrita: qué existencia tan graciosa, la de Jesús, y qué final tan insuperablemente feliz.
¡Realmente fabuloso! Se convertirá en uno de mis favoritos. Es claro, sencillo y muy gracioso (como cabía esperar). Desentraña una nevera distinta de ver los Evangelios descubriendo el buen humor de Jesús y en todas sus facetas.
Que me desperté un día a las 3 am, así que aproveché a leerlo que parecía ligerito.
Enrique G-M fue una vez a mi colegio y me tocó recitar un poema para el evento delante de éste y de los padres. Yo pensé que la única gracia que montamos en el escenario fue la cara que se nos quedó a mi amiga y a mi al ver que los colores del PowerPoint se habían cambiado a un tono "dolor de ojos, cabeza y tó". Pero como luego mi madre me ha estado recordando los últimos 10 años es que explicando el significado del poema (trabajo que hice rápido y sola, claro, ahí mi error) dediqué unos vergonzosos segundos a confundir las "plantas" de los pies con las plantas-vegetal...
"¡Qué extraño desvarío si de mi ingratitud el hielo frío secó las llagas de tus plantas puras!" Lo siento, Lope de Vega.
Si Enrique se dio cuenta como mi madre, después de leer su libro, me quedo tranquila con que éste tiene buen humor y aporté unas risas más al catastrófico "éxito".
Creo que éste es un libro de literatura espiritual profana. Algo así como exégesis por pensamiento lateral. Una demostración efectiva de que no hay por qué distinguir entre divino y humano (que de eso va la historia del Protagonista).
Libro delicioso por la siempre elegante y jacarandosa prosa de Don Enrique. La única crítica que le haría es que el autor cae más de una vez, en mi humilde opinión, en algo que promete evitar en el prólogo: ver humor donde no lo hay en algunos pasajes de los Evangelios. En cualquier caso, altamente recomendable
Tiene mérito saber decir algo nuevo de quien más se ha escrito en toda la historia, y García-Máiquez lo consigue sin duda. No le doy 5 estrellas porque no tiene orden, lo que lo hace un poco caótico. Podría haberse agrupado o por temas o cronológicamente.