En esta colección de cuentos el lector de Cristina Rivera Garza habrá de encontrarse -de nuevo- con una construcción transgenérica: ensayo, poesía, etnografía son sus formas de indagar las historias. Sí, se dijo bien, indagar y no contar. Estos cuentos, no cuentan. La autora vuelve a la carga con páginas donde lo que pesa es la narratividad misma, las voces, los personajes, son un pretexto para narrar con la sintáctica y semántica que ya ha puesto en manifiesto. El lenguaje es – de nuevo- el protagonista.
En cada página confluye la conmoción del encuentro/desencuentro, la tensión, el misterio, la desarmonía. Aquí, los personajes no representan nada, son posibilidades en sí, hipótesis de, personajes y ya. Personajes que se ven deslizados hacia, o se deciden por, experimentar situaciones límite, salen de sí y se dirigen hacia lo distante, lejos de lo conocido. Hacia la frontera ese lugar “umbroso, flexible, fluido, paradójico”. Estos cuentos son eco, órganos sin cuerpo, el terreno híbrido que distingue a Rivera Garza.