Qué hermoso hallazgo este libro. Pablo Matilla escribe con arte, su vínculo con el idioma español es una danza sensual que los lectores disfrutamos mirar desde fuera. La historia recuerda a otras y aún así no es ninguna anterior, como los seres humanos que nos podemos parecer pero si te quedas quieto observando un tiempo, empiezan a verse la peculiaridades históricas, físicas, temporales que hacen a cada cual único. Así que no diré nada que recordé a Rulfo mientras leía, que un pasaje no supe si antes ya lo escribió Cārtārescu, que cierto fluir de consciencia semejaba para mí las locuras ebrias de Horacio Olivera en Rayuela. Sí recomiendo leerlo. Entre tanta sobreabundancia de publicaciones que dan sueño, este libro pivota la frágil frontera de la vigilia. Lleva a veces el vaivén ebrio de una consciencia confusa y suele caer seguido en negruras devoradoras. Y cada vez la niebla asfixia y perdona. ¿La historia? Un padre y un hijo que no saben cómo vivir ni consigo ni con el otro. Dolores que no pueden ser dicho, silencios que envenenan. Un viaje. Un objeto mágico sin más magia que salir de la propia brea. Algo así. Y una narrativa hermosa, llena de metáforas propias, nuevas, únicas. Aplausos al algoritmo de Twitter que me presentó a este autor. PD: la portada no le hace justicia, es mucho más que dos piedras.
¡«Barrancos» me ha impresionado! Y conmovido. No sólo por la habilidad y originalidad de Pablo Matilla en describir ambientes y transmitir emociones, por la belleza y la crudeza de la prosa, también porque ha conseguido que me sumergiera en la historia y caminara junto Andrés en su viaje hacia la redención.